sábado, 4 de abril de 2020

ELOGIO DEL ELITISMO

La biblioteca que pasó 200 años oculta

“- ¿Te parece divertido?
Sí, claro, y estoy harto de fingir que no lo es.”
-Joker-”

Una de las sensaciones más gratificantes que experimento es la de entender una referencia literaria o cinematográfica. Esa seguridad de pertenecer a un grupo selecto. The few, the Band of brothers que estuvimos aquel día en San Crispín al lado de nuestro rey. Ese orgullo de exclusividad. La de saber que otros la han leído o visto y no han entendido, como tú, lo que el autor ha querido decir. O la de captar en una milésima de segundo un detalle mínimo de una escena o un guiño reservado para iniciados. Saber seguir un verso empezado por otra persona, tener un dialogo sólo construido de citas de películas, disfrutar con las conexiones intertextuales cuando me tropiezo con ellas en nuestro código secreto convertidas en un personaje más de la trama, entender un doble sentido nacido de un libro leído hace años, darte cuenta de algo de lo que la mayoría no se ha percatado en un párrafo, descubrir el secreto oculto entre dos líneas, el por qué de la elección de una determinada cita al principio de un capítulo, el sentido subyacente de una dedicatoria, saberse el truco por pertenecer al gremio, paladear el descubrimiento de la elección de una palabra como el `connaisseaur´ que sabes que eres, sentirte por ello distinto a los profanos, a los´muggles´, saber a quien se refiere un autor cuando escribe para un lector inteligente, o mejor, sentirte durante un momento su cómplice, saber que te está hablando a ti, reconocer un homenaje en forma de escena en una película, a la primera nota una melodía, a la primera frase un buen libro que fue hace décadas mío por un tiempo, al instante un fotograma .. pertenecer a la “cofradía de Nantucket” compuesta por arponeros que somos incapaces de mirar atrás, por lejos que llevemos la mirada, y vernos sin un libro entre las manos y decenas en los estantes. Esos que tenemos la certeza de ser los libros que hemos leído. Y sí, claro que es así. Y estoy harto de fingir que no lo es. Saberse especial por ello es maravilloso. Cada uno es cada quien y baja las escaleras como puede. Cualquier persona es especial por algo o buena en algo. Y yo lo soy por eso.

Y por encima de esa sensación hay otra aún mejor. La de compartirla. 
Igual que hay almas sensibles para el arte que se conmueven en compañía de sus semejantes y se potencian multiplicándose entre sí los talentos mutuamente, a mí me gusta estar entre gente avisada. Sorprenderme de conocer a “uno de los nuestros”, uno nuevo que se incorpora al Club Dumas por compartir mar de referencias, porque ha entendido lo que he querido decir realmente a pesar de haberlo escondido críptico en una expresión privada o una frase ajena hecha mía sin entrecomillarla en la conversación. Porque ha reconocido la escena de la película al oír mi cita y me ha seguido en el dialogo como si le hubiera dado el pie. Y me encanta encontrarme por el camino con cofrades de mi cofradía. Me da la vida tener esos encuentros y esas conversaciones. Cruzarme con otro barco capaz de sostenerme el florete de esa esgrima, compartir con Marlow conversaciones crepusculares y carcajadas sin tener que acabar el chiste.. Es mi mayor placer. Para esos momentos leo y veo cine.

Lo mío me ha costado y todo el mérito es mío. No tengo por qué negármelo. De eso sí puedo enorgullecerme sin falsa humildad. Soy uno de esos adultos que fuimos niños precoces que perdían la noción del tiempo bajo las sábanas con una linterna y un libro hasta caer dormidos agotados a las tres de la mañana. Para quienes Gonzaga y Enrique de Lagardere, Lord Jim, Sheppard, John Silver, Rouletaville, Queequeg, Phileas Fogg, Penélope, Roxanne, Darnay, el abate Faría o Yañez no solo no nos son ajenos sino que viven en nuestros recuerdos. Para quienes viajamos una vez en La Hispaniola, estuvimos encerrados en If, compartimos coy con Ismael, vimos tirar al Támesis el tesoro de Agra, luchamos contra los perros jaros en Seeonee y supimos desde la primera línea quién había matado a Rogelio Ackroyd. Pertenezco a la vieja guardia seleccionada a la que le gusta recrear episodios bélicos sobre una mesa con un buen whisky y la mejor compañía, leer historia, sentir ese especial latido al tocar con mis pies los lugares donde sucedieron las cosas sobre las que he leído, acumular inútiles recuerdos de escenas de miles de películas en mi memoria para nada más que para revivirlas en mi mente cuando quiero o para usarlas de referente cuando algo me las recuerda. Soy el lector compulsivo, el memorizador eidético, al que cada pasaje real le recuerda uno ficticio pueda o no sacar moraleja de aquel. Constante deja vú de algo leído o vivido en la pantalla antes. Ese soy yo. Y estoy encantado de ser así.

Yo estuve allí, con Glorfindel al otro lado del Vado de Bruinen retando a los nueve, y descubrí que cuando nada más nos queda nos queda el nombre desnudo de la rosa, y bucee entre los restos del Unicornio, y fui alumno del profesor Kitting, y vi a Shylock exigir su libra de carne, y cegué al correo del Zar, y formé con la delgada línea roja y luego cargué en Balaklava con los 600, y grabé en mi gramófono las evoluciones esquizofrénicas de un paciente que comía vida en las moscas mientras esperaba la llegada de su amo, y  me enamoré de Pandora Groovesnore, y fui invitado en un castillo en los Cárpatos y naufragué en una isla misteriosa, y detuve la marcha al oír la trompeta de Gunga Din, y reiné, por un tiempo, en Kafiristan, y tuve un amigo al que llamé viernes, y descargué la pistola de Tucco antes del duelo a tres, y asalté un banco tras discutir sobre el significado de Like a Virgin y si teníamos o no que dejar propina, y caí crucificado por aquella cascada, y vi la cara del terror y olí el napalm por la mañana, y vi naves en llamas más allá de Orión. Ese soy yo. El que sentado en un sillón mullido del Reform Club o retrepado en mi sofá del 221-B de Baker Street viví mil vidas. 

Y como lo dijeron mejor que nadie los maestros a sus palabras me remito:



Todo el mérito es tuyo; tienes mi palabra de honor. Quizá el botín de tan larga campaña -y lo que te queda todavía- no sea lo dorado y brillante que uno espera cuando la inicia, a los doce o trece años, con los ojos fascinados de quien se dispone a la aventura. Pero es un botín, es tuyo, es lo que hay, y es, te lo aseguro, mucho más de lo que la mayor parte de quienes te rodean obtendrán en su miserable y satisfecha vida. Tú has abordado naves más allá de Orión, recuerda. Tienes la mirada de los cien metros, esa que siempre te hará diferente hasta el final. Fuiste, vas, irás, esos cien metros más lejos que los otros; y durante la carrera, hasta que suene el disparo que le ponga fin, habrás sido tú y habrás sido libre, en vez de quedarte de rodillas, cómoda y estúpida, aguardando.

Ahora sabes que todo merece la pena. La larga travesía por ese mundo de méritos numéricos y ausencia de reconocimiento, donde te viste obligada a arrastrar contigo al niño de papá, al tonto del haba, al inútil carne de matadero, con tal de llevar a buen término el trabajo para el que te bastabas en solitario. Has crecido y sabes que las oportunidades no estaban en los otros, sino en ti. Que no había nada malo en aquella chica tímida que se llevaba libros a las horas libres de tutoría; que buscaba la mirada de los profesores inteligentes, no para hacerles la pelota, sino por sentirse cómplice y no estar sola. La jovencita que sobrecargaba la mochila con El guardián entre el centeno o El señor de los anillos, que en la excursión del cole a Madrid prefería ver el Planetario, el Prado o el Reina Sofía a dejarse la garganta en el parque de atracciones. Que se enfrentaba a la hostilidad de compañeros cretinos porque era la única que había leído las Sonatas de Valle-Inclán o sabía quién era Wilkie Collins. Ahora que miras hacia atrás con madurez, comprendes que cada vez que alguien ninguneó tu forma de ser, te insultó, te miró por encima del hombro, no hizo sino precipitar tu aprendizaje y tu lucidez. Tu certeza de ser mejor, más despierta y diferente.

Mírate ahora. Qué lejos estás de tanto borrego y tanto buey. Entras en la edad adulta sin que nadie pueda imponerte una sonrisa falsa cuando el mundo y su estupidez, su envidia, su mezquindad, te hagan fruncir el ceño. Ahora tienes la certeza de que no te equivocaste, y de que la niña callada en el banco del fondo puede ser vengada por la mujer que hoy la recuerda. Sabes ya que puedes ser feliz a tu manera y no a la de otros, con tus libros, con tus películas, con tu familia, con esos amigos que no sabes cuánto tiempo van a durar y por eso aprecias tanto, con la mirada serena que ahora posas a tu alrededor, en la calle, en el trabajo, en la vida. En la muerte. Ahora sabes que la virtud, en el más hondo sentido de la palabra, está en ese aguante de tantos años, cuando cerca estuvieron de convertirte en otra. Comprendes al fin que los malos profesores son un accidente sin demasiada importancia, pues eres tú quien aprende; y la vida, incluso con sus insultos, con sus malvados, con sus tragedias, con sus reglas implacables, la que te enseña. Nadie dijo que fuera fácil.

El otro día fuiste a ver Salvador y saliste del cine asombrada, llorando. No por la película, ni por la suerte del protagonista, sino por la certeza de que los ideales de aquel muchacho ya no tienen sentido, porque ninguno los sustituye ahora, porque la gente de tu edad se divide en dos grandes grupos: una minoría de analfabetos desorientados, pasto de demagogia barata en manos de políticos sin escrúpulos, y una masa inerte cuya única aspiración es salir en Gran Hermano o ponerse hasta arriba el sábado por la noche; jóvenes con garganta y sin nada que gritar, que se irían por la pata abajo puestos en la piel de Salvador Puig Antich, o a los que, viendo El crimen de Cuenca, la sola visión del garrote vil haría cerrar los ojos con escalofríos en la nuca. Pero tus lágrimas, amiga, demuestran que tienes razón. Que no te equivocaste al amar al conde de Montecristo y al Gabriel Araceli de Galdós, al buscar el secreto genial de un soneto de Borges o Quevedo, al transitar, jugándotela, por los senderos sin carteles luminosos en los pasillos oscuros de la Historia. Al hacer de cada esfuerzo, de cada miedo, de cada desengaño, de cada ilusión y de cada libro, un martillo con el que picar los muros espesos que te rodean.

Y si algún día tienes hijos, intenta que sean como tú. Como esos tipos flacos de los que hablaba Julio César, a la manera de Casio: gente de dormir inquieto, peligrosa y viva. La que quita el sueño a los apoltronados y a los imbéciles.
-A.P-R.-


sábado, 29 de febrero de 2020

LA LEY ESTORBA


"Con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley"

Políticos de distinto signo se parecen en que la ley les estorba. Se extiende la visión de que hay iluminados que creen tener la verdad absoluta (ellos y sólo ellos ¿Cómo es que los demás no lo ven?) y para los que la ley es una antigualla obsoleta y un obstáculo. Si la ley dice otra cosa distinta a sus posiciones la equivocada es la ley, y como cambiarla supone un costoso esfuerzo y se tarda más de lo que estoy dispuesto a esperar, mejor me la salto. Me legitiman los votos y las mayorías. Mayorías y votos que no tengo en cantidad suficiente para cambiar la ley, pero que me permiten dar respaldo a mi voluntad torera. ¡Ole mis huevos morenos!

Este fenómeno tan reciente, y al que nos estamos acostumbrando sin una sola queja, atenta contra la idea misma de estado de derecho y de seguridad jurídica, pero total ¿Qué más da? Eso son ideas viejunas y molestas que sólo hacen que frenar el progreso.

Esto viene, que duda cabe, de la nueva forma en que se estructura nuestro cerebro desde hace unas décadas y que nos ha infantilizado rebajando nuestro umbral de la frustración hasta extremos asombrosos, Queremos las cosas y las queremos ahora. No sabemos esperar. Hemos perdido las dimensiones temporales, los tiempos que hacen falta para conseguir las cosas. Y lo mismo les sucede a los poderosos, que tienen una idea y quieren (en su soberbia dogmática que no les permite pensar que haya que contrastarla primero) que esté cumplida inmediatamente. Se han malcriado si es que alguna vez tuvieron buena crianza. Y claro, sus deseos chocan a menudo con la ley.

A Boris Johnson se le levantan los funcionarios porque ha dado órdenes para que se hagan ciertas cosas saltándose algunas normas y estos no quieren por algo tan menor como evitar una acusación de prevaricación. En Estados Unidos Donald Trump se enfada porque nadie le obedece cuando da órdenes inconstitucionales y destituye a los "desleales" por desobedientes, reticentes o simplemente lentos (¡Serán traidores!). Los líderes independentistas catalanes en España actúan unilateralmente aunque sus directrices sean ilegales y lo sepan porque les mueve la "fuerza democrática de la razón" que SABEN que tienen SIN NINGUNA DUDA. Pablo Iglesias fundamente el vigor de sus postulados (Minoritarios en votos y apoyos) en la "mayoría social" y la corrección ética de sus ideas frente a las equivocadas o inmorales posturas de los otros. Pedro Sánchez hace lo que le sale en cada momento porque SABE que tiene le razón. Punto. No tiene por qué sujetarse a la ley ni dar explicaciones.
Ya lo dice el sabio Meme "En la época en que se valoraba la verdad se decía PIENSO LUEGO EXISTO, en esta era de la post-verdad se ajusta más CREO ALGO LUEGO ESTOY EN LO CIERTO" (1)

¿Pero es que no veis todos tan claro como yo que tengo razón? ¿.. que no pasa nada por saltarse algunas normas si ello trae el beneficio de hacer lo correcto (que es lo que yo digo)?

..¿Qué va contra la ley presionar al gobierno de otro país para que me ayude ilegalmente en mis elecciones? ¿Y qué? ¿Quién me va a parar? ¿Tú? ¿Y cuántos más?
..¿Que hay que desobedecer una orden directa del Constitucional? Se desobedece. ¿Que mi cuerpo de asesores jurídicos del parlamento catalán me dicen que algo es ilegal? Me la pela, ni p*** idea tienen. 
..¿Que hay que gobernar por decreto? Pues se gobierna...

..¿No se darán cuenta de que están impidiendo el avance de las ideas? ¿que no podemos andar parando el mundo por minucias como lo que diga o no diga un papel?

La ley se ha convertido en un estorbo y como tal no pasa nada por saltársela. En lugar de la máxima expresión de la democracia y de la voluntad del pueblo, en lugar de ser tenida por la materialización y concreción del estado de derecho, del principio de legalidad y de seguridad jurídica, la ley (al menos la que me impide hacer lo que quiero) se ha constituido en el enemigo y en una molestia. Y por ello me siento legitimado a saltarme su cumplimiento. 
..Es taaaaaan evidente. Ya daremos luego explicaciones si estos idiotas nos las piden (que no se por qué se creen en ese derecho), para eso están los abogados que la retorcerán a nuestro favor si hay que rebajarse a las excusas (que ya me jode con estos imbéciles).

Y cuando la oposición, los medios, los jueces.. hacen su papel de control del ejecutivo con tacharlos de traidores vale.

En el fondo igual me da cómo se salte alguien la ley. No me parece más moral quien la infringe y comete el delito sabiendo que está mal pero esperando que no le pillen, que quien se la salta por sus cojones porque no le importa y porque cree tener razones éticas o de principios suficientes para saltársela. Pero sin embargo esta última postura cínica me preocupa por lo fácil y rápido que se está extendiendo como comportamiento y actitud entre nuestra clase política y por lo poco que nos estamos resistiendo a su llegada e implantación como forma de hacer las cosas. Y por lo que supone de reírse de mi en la cara.

No es que esté bien ni mucho menos pero la diferencia con el Irangate o el Watergate, o aquí los distintos Filesas, Gurtels, GALs, etc.. es que aquellos se hacían con disimulo, tratando de ocultar el rastro delictivo, intentando que no les pillaran pues sabían que estaban actuando infringiendo la ley y aquello les podía costar la cabeza. Y sin embargo ahora van de cara sin disimulos, como respaldados por sus santos cojones. Se sienten protegidos, se saben en poder de la verdad, SABEN que algo debe ser de cierta manera y creen firmemente que si no coincide con lo regulado peor para la norma. 

Pues claro que la ley estorba, ese es su trabajo. Para eso la pagamos.

Y ya.

(1) Es más gracioso contado con gracia y en inglés "TRUTH: I think therefore I am vs POST-TRUTH: I believe therefore I´m right"

jueves, 13 de febrero de 2020

PROHIBIR LA AMABILIDAD











-Hay que acabar con la tontería esa de ayudar a los demás.
- Si, y quitarnos de encima el peso de esa maldita tradición judeocristiana.
- Exacto. Si no saben hablar nuestra lengua que se fastidien.
- De acuerdo completamente. Que aprendan catalán si vienen aquí.
- Y lo de preguntar las direcciones igual.
- Otra que lo mismo.
- Si no saben como se llega al parque Güell que se compren un GPS.
- Hasta ahí podíamos llegar.
- ¡Que se jodan!
- Estooo.. un tema ¿No?
- ¿Si?
- ¿ Y con los turistas que entran a mi tienda? Los coreanos y tal.. Es que dejan mucha pasta.
- Pues no se que decirte.
- Porque parecer catalanes mucho no parecen.
- No.
- No se. Imagino que se refería a no ser amables con los españoles
- Ah, vale.
- ¿Y si quieren comprar lo que vendo?
- ¡Que se jodan y aprendan!
- Ya...

(texto traducido evidentemente del catalán al español)

Puigdemont habla francés e inglés con soltura. Es una suerte tener lenguas comunes con las que entenderte con otras personas.

A ver cómo va a hacer desde ahora para, cada vez que detecte a alguien que no parezca catalán (Cosa rara en Bruselas. Malo será que se cruce con alguno) no rebajarse a hablar en la lengua común en que puedan entenderse y hablarle sólo en catalán.

Y la alcaldesa de Vic.. será curioso verla hablar en castellano cuando los medios de comunicación le pregunten y, a pesar del aspecto no catalán del periodista, quiera hacer entender su patético mensaje supremacista.

¿En qué lengua hablarán cuando quieran negociar "de gobierno a gobierno"? ¿O es que cuando interese comunicarse para sus propios objetivos ya no regirá la regla de hablar en catalán y no "rebajarse" a comunicarse en una lengua común?
Cuando Otegi vaya a mostrar su apoyo al independentismo catalán a alguna manifestación ..¿le harán aprender catalán o se comunicarán en alguna lengua que compartan?
¿Permitirán al trabajador del sector turístico, al tendero, al camarero, al dependiente.., cambiar de registro para entenderse con el cliente o deberá primar el patetismo autóctono?¿Se eliminarán de los museos las guías en idiomas que facilitan la comprensión en aras de una "obligatoriedad de saber catalán si vienes a mi tierra"? Y lo de los mantras en inglés para "internacionalizar el conflicto" ya nada desde ahora ¿no? A quien no parezca catalán hay que hablarle en catalán.

..Por si no se han dado cuenta hay mucha más gente que no "parece" catalana ni habla en catalán que los que sí. Y no se me ocurre nada más absurdo que pedir a alguien que cuando pueda comunicarse no lo haga.

Que resulta que llevamos décadas dando prioridad a aprender en el colegio una y hasta dos lenguas extranjeras para manejarnos en un mundo global y comunicarnos con los demás y lo que había que hacer era negarnos a hablar con quien no supiera hablar la nuestra. ¡Hay que ser cateto!

Proteccionismo lingüístico ¡cuanto paleto! Hemos pasado de promocionar el uso de una lengua a hacer sentir incomodo y extranjero al que no la hable. Es como cuando nuestros camareros en los sitios turísticos no sabían hablar inglés en el siglo pasado y los Torrentes de turno mascando el palillo decían aquello de.. "¿pues no son los guiris los que quieren venir a España? ..pues que sean ellos los que aprendan español" o "Habla en cristiano ¡coño!"
Que si dos matrimonios de Figueras salen del Prado y tomándose algo en una terraza de Atocha son recriminados por un energúmeno por hablar en catalán en Madrid es un ataque a la libertad individual y de expresión y una falta de respeto (que lo es), pero si eso mismo lo propone una política (hacer el vacío a quien no la habla hablándole en catalán para hacerle saber que es mal recibido) para ser convertido en norma general es una iniciativa parlamentaria progresista.
De esto a las escenas de persecución por hablar en una lengua distinta a la "obligatoria" hay un paso. Y quienes han sufrido la persecución de su lengua deberían saberlo mejor que nadie.

Trato de entender al que piensa distinto a mí. De verdad que lo intento. Me esfuerzo. Pero hay quien se empeña en que no me sea fácil.

Es taaaaaan absurdo.....

Y ya.

 (Nota:
Entiendo que desde ahora los usuarios de redes sociales simpatizantes con el independentismo, siguiendo esta tesis, sólo se van a comunicar en catalán dada la "apariencia" no catalana de los demás usuarios, ¿o no?)

domingo, 9 de febrero de 2020

LA PÓLVORA DEL REY



Desde hace días me llama la atención el gran número de noticias de carácter local, regional y nacional que veo relacionadas con una especie de campaña de las administraciones por "recuperar" dinero público. Hoy mismo una sobre que a alumnos becados que no cumplieron las condiciones para mantener la beca se les va a exigir la devolución de las cantidades ingresadas, el otro día otra sobre expedientes administrativos de requerimiento de devolución abiertos a personas a quien se concedió una ayuda a la vivienda a quien se solicita devolverlas por falta de una completa justificación, subvenciones a entidades a las que se pide que devuelvan parte de ellas (a veces cantidades ínfimas) por alguna factura incorrecta en la justificación, o varias en estas últimas semanas sobre el descubrimiento de gente que llevaba cobrando años pensiones de sus parientes fallecidos simulando que seguían vivos y ahora lógicamente se les reclaman esas cantidades,.. Parece que alguien en la Agencia Tributaria o en la intervención de cada administración se ha puesto las pilas. Si no es fruto de una instrucción general y solo se trata de una casualidad cuando menos me parece muy casual tanta coincidencia en pocos días.

Y me parece bien. Por supuesto. No digo nada contra ello. Si fuéramos más serios con la gestión del dinero público otro gallo nos cantaría. El ahorro sería enorme y la presión fiscal podría reducirse.

Lo que me parece mal es el agravio comparativo de que en paralelo a que se aumenten las medidas de control sobre el dinero que llega en forma de subvenciones a los ciudadanos parezca simultáneamente que se descubren cada vez más casos de gasto excesivo por parte de las mismas administraciones que piden esas devoluciones.

Es fácil tirar con pólvora del rey. Y las cantidades que se recuperan de lo primero son ínfimas comparadas con las que se van comprobando que se gastan en lo segundo. Como el coste de convocar cada pocos meses unas elecciones, el de crear nuevos ministerios desdoblando en dos por causas espurias los que ya había, el de renombrar gratuitamente (cuando esto que aparenta ser un mero gesto es de todo menos gratuito) los de siempre por cambios estéticos de terminología para responder a la moda del lenguaje políticamente correcto, el de muchos casos que se descubren de mala gestión de las dietas y gastos de transporte o alojamiento de los representantes públicos, el del uso de costosos medios cuando se pueden usar otros más baratos, etc.

Estos días nos despertamos en mi tierra con la noticia de que nuestra administración regional ha cambiado el parque de vehículos todoterreno de una de las consejerías. Hasta ahí nada que decir. Si eran necesarios nuevos vehículos por necesidades del servicio o seguridad de los trabajadores y están amortizados se planifica el relevo (se venden o subastan los antiguos -o se retiran de la circulación si son un peligro-, o se hace un leasing, etc.) y se lleva a cabo...
..Sin embargo curiosamente hablas con los profesionales y algunos te dicen que no hacía falta el cambio,.. que los nuevos son peores que los anteriores..
..Y luego en el colmo de lo incomprensible lees que se vendían a chatarreros para su desguace por 600€ cada uno y estos los ponían de nuevo en el mercado y conseguían por cada uno 13000€..

..Que digo yo (Y cualquiera con dos dedos de frente) si no podía haber vendido los vehículos la administración a ese precio (o a uno más alto que 600€ por unidad al menos) y haber recuperado así parte del dinero de todos los ciudadanos que pagamos impuestos esperando que el dinero público se gestione adecuadamente y no se derroche.

Y ya.

Nota: Como esos cientos de vehículos embargados en depósitos judiciales o propiedades e inmuebles (algunos con valores de mercado enormes) que se terminan sacando a subasta y se los lleva alguien por cuatro perras porque se han dejado deteriorar por falta de un correcto mantenimiento por una dilación en el proceso desproporcionada.

jueves, 6 de febrero de 2020

¿QUIÉN SOY?


Me hacen tantas bromas mis mejores amigos sobre mi ubicación política que me he empezado a plantear la cuestión casi dudando de mí mismo y de mis principios. No por miedo al qué dirán ni esas chorradas. Tampoco por temor a ser tenido por tibio o equidistante -que está muy de moda eso últimamente-. Tarde. Ese tren partió hace tiempo y a mí me pilla muy mayor para andar teniendo esos extremos en cuenta.. 

He decidido ponerme delante de un folio en blanco para anotar, como en una lista o una DAFO, mis posturas con intención de ayudarme a saber un poco mejor quien soy desde el punto de vista político. Nosce te ipsum. O recuerdalo de vez en cuando al menos.

Antes que nada he de decir que concibo la realidad como un ecosistema en el que todas las posturas son necesarias y ninguna tiene la verdad estando las demás equivocadas. Creo en la alternancia como manifestación natural de esa diversidad enriquecedora. No entiendo a quienes creen que los demás sobran y están totalmente equivocados. Que la sociedad sería la ideal si solo hubiera gente que piensa como ellos y los otros estuvieran excluidos. Es un ecosistema porque se autoregula y la clave está en no dejar que ciertas ideas o colectivos en los extremos crezcan demasiado en representación quedándonos en el justo medio y la alternancia de las posturas moderadas. Creo que eso es ser demócrata.

Y una vez dicho esto..

No creo en dejar al mercado funcionar sólo por sí mismo sin intromisiones. Pienso que esa ha demostrado ser la mejor forma para que rija la ley de la selva y los fuertes se terminen comiendo a los débiles. Soy un gran creyente en la necesidad de la existencia de una organización reconocida y legítima, situada por encima del individuo en algunos temas, que lleve a cabo la intervención necesaria para corregir los desajustes intrínsecos a los que se aboca el ser humano en cuanto se reúne con otros de su especie y forma un colectivo. El hombre no es malo por naturaleza, pero sí egoísta e interesado y por ello es obligación de la humanidad organizarse para defender a los que menos pueden hacerlo frente a quienes pueden más. Ello no me lleva a creer en el estado por encima del individuo ni a visiones totalitarias, sino antes en la socialdemocracia en su idea original y en el estado social (del bienestar) y de derecho como culmen del logro político para el ser humano. 
Creo que el interés y el egoísmo (que los eufemistas llaman individualismo) lo manchan todo (igual que pueden ser el motor de algo en ocasiones por la búsqueda individual, humana y comprensible de la mejor situación posible y la comodidad) y que cuándo entra en política el deseo no de mejorar la vida de los semejantes sino de medrar y ser reelegido muere el interés general. Que cuando la libre competencia, que nos vendieron como la panacea, toco por ejemplo el periodismo y algunos se dieron cuenta de que era más interesante vender que ser fiel a su original razón de ser, murió la verdad. Igual pasó con el arte que se hizo producto en lugar de sublime expresión del alma humana. Pienso que nos engañaron diciendo los que la libertad de prensa consistía en que cualquier idea política podía abrir su propio periódico si quería, y no era eso. Considero que cuando la libre competencia entró en la televisión y todo se redujo a la lucha por las audiencias para tener anunciantes murió la calidad.. y así un sin fin de ejemplos que me hacen tener ante la idea de libre mercado cierta prevención.
Y que por todo eso es necesaria una prensa libre e independiente. Del dinero pero también del poder. Y una televisión pública bien entendida que no es lo que tenemos. Y una política de fijación por el estado de ciertos límites al precio de algunas cosas, a ciertos salarios excesivos y obscenos, etc. Y políticos de verdad (que no es lo que tenemos). Y sanidad pública, y educación pública, y universidades públicas. Como últimos refugios en los que no deben entrar los criterios de interés ni de libre competencia, sino solo los de servicio público. Porque público no significa al servicio del gobierno de turno sino del interés del pueblo (y este que no siempre coincide con lo que al pueblo gustaría ni lo que vota).

Creo (no es una cuestión de fe, basta con mirar la realidad) que hay personas que están (viven, parten, compiten, coexisten, se relacionan, nacen..) en posición de inferioridad respecto a otras y que corregir esas desigualdades mediante un sistema político justo es lo que nos diferencia de los instintos egoístas que hacen que la naturaleza se mueva por el motor del interés y la comodidad. Creo que la razón de ser de la civilización es el autocontrol que caracteriza al ser humano diferenciándolo de los animales y sobre todo el altruismo de la protección de los más débiles. Ello no me impide ser consciente de la maldad que hay en el alma humana ni lleva a creer en presunciones generalistas injustas (la carga de la prueba siempre a favor de la mujer.., no hay malvados entre los inmigrantes,..el trabajador siempre está desprotegido,.. el cliente siempre tiene la razón..) sino antes estar al caso concreto. No obstante tiendo a ponerme a priori de parte del menos fuerte en la relación pues creo que es papel del estado proteger, que no es lo mismo que sustituir ni tutelar, a quien en la relación está con más frecuencia en posición de debilidad respecto al otro. Y sí, suele ser el trabajador respecto al empresario por ejemplo (en una cierta regla general a la que se pueden oponer excepciones que por serlo refuerzan la vigencia de la regla), el consumidor frente al proveedor de bienes y servicios (en directa proporción el número de casos al tamaño de la entidad y su distancia al cliente hasta el anonimato), el inmigrante necesitado de manera extrema sobre el nacional con problemas del primer mundo, la mujer que dice sentirse acosada o atacada, etc. Al menos como prejuicio desde el que informarme para abatirlo o reforzarlo. Y todo ello complementado por los principios básicos del estado de derecho: la presunción de inocencia, la exigencia de la prueba para la condena, la libertad de expresión...

Creo que hay facetas de la humanidad como concepto (el arte, la cultura..) que no dan dividendos per sé a menos que se vendan y se desnaturalicen, y que por ello es nuestra obligación promocionarlas para que no mueran. Como se protege a una especie por considerar valiosa la diversidad de la naturaleza sin egoísmos independientemente de su utilidad o su belleza. Como se mantiene una cadena como la 2 que por si sola no sobreviviría. Creo que no todo debe medirse por audiencias, beneficios o retuits. Y sin que ello signifique que haya que subvencionar cualquier mierda al que el primero que la haga llame arte. Para eso han estado siempre las academias de pintura, de danza. de literatura.. que nos decían a qué artistas merecía la pena apoyar por lo prometedor de su trayectoria o por su talento.

Estos son postulados generales que a menudo se manipulan para hacer ataques demagógicos contra quien así piensa pero que en mi opinión son verdades incontrovertibles que se modulan y matizan a veces al pasar de la categoría al caso concreto. 

Creo que creer que existe gente que necesita ser más protegida que otra no es tenerlos por menos ni tutelarlos como si fueran menores de edad como me dirán demagógicamente los más liberales. Creo que es deber de quien es tratado mejor por la vida aportar para que a quien esta trata peor sin culpa alguna por su parte se le amortigüen los golpes. Hay algo en mí de demócrata cristiano si eso alguna vez significó tratar de llevar los valores que me enseñaron de pequeño a mi visión política: ayuda al pobre, protección del manso,.. Creo en el papel de reparto de la riqueza de la economía, de la progresividad impositiva, del equilibrio.. Creo en el estado del bienestar, en la Seguridad Social, en la sanidad gratuita, en la educación pública.. y en el derecho de quien quiera de complementarlos si quiere y tiene posibilidades. Creo en la necesidad de cubrir esos gastos con impuestos y en que deben pagar más quien más tiene. Creo en la responsabilidad fiscal progresiva y en contribuir en tu medida a la prosperidad del país donde vives. Creo en el control del gasto riguroso y en la persecución de la corrupción como una de las más graves infracciones penales. Creo en la buena gestión y en la persecución del derroche y la evasión fiscal. Creo en la racionalización de la administración para llegar donde esta ha de llegar y para controlar el gasto que supone. Creo que una vez fuimos los pobres de Europa cuando ingresamos en la UE y que entonces recibimos mucho dinero y subvenciones que salían de fondos que rellenaban países más ricos, y que en parte gracias a estar ahí y a aquellas ayudas ahora somos uno de los países ricos de la unión y nos toca apechugar a nosotros con los recién llegados. 

Creo indecente lo que hacemos los ciudadanos de los países ricos con los hombres y mujeres que sin culpa alguna suya ni mérito nuestro, y solo por la azarosa cuestión de haber nacido más al norte o menos, nos miran con envidia soñando una vida mejor para ellos y sus hijos como siempre han hecho los hombres y las mujeres que vivían y sufrían las penurias y la guerra. Y que no merecemos el nombre de humanos si ante ese sufrimiento miramos para otra parte y nos escudamos en cuestiones locales que comparadas con su sufrimiento son necedades. Abramos la puerta de nuestra riqueza de países ricos al que sufre. Exijamos respeto a nuestros valores (El más hermoso de ellos es la solidaridad. El más valioso el estado de derecho) y coordinémonos para dar respuestas grandes a grandes cuestiones que están cambiando el mundo. . 

Creo en el estado del bienestar (el estado social que dice nuestra Constitución) y en la idea de estado de derecho como los mayores logros en materia de teoría política del ser humano, que junto con la idea de división de poderes y libertad conforma mi concepción de democracia. Y en el derecho inalienable a la legítima lucha por la felicidad de todos los seres humanos. Creo en la obligación que tenemos de evitar el sufrimiento a quienes nos rodean y de castigar a los malvados que lo procuran..

Creo que son pilares tan fundamentales que me ofende su uso para cuestiones menores o frívolas pues creo que han de reservarse para lo importante dada su importancia en sí mismos.

Creo que no somos enemigos unos de otros. No creo en la lucha de clases, ya no solo como concepto obsoleto sino como idea en sí misma. Creo que la humanidad es, ella y cada sociedad en que se organiza, un ecosistema en el que todas las piezas tienen su papel y son necesarias. Y que hay que velar por el equilibrio entre carnívoros y herbívoros pues sin los unos no existirían los otros y viceversa. Es evidente que ha de haber quien se juegue su dinero y cree empresas, para que haya trabajadores que produzcan y bienes y servicios que se consuman. Y es evidente que ha de ganar más dinero que aquellos por el riesgo que asume. Igual que es igual de cierto en mi visión política que por la mera posibilidad de ese beneficio ha de exigírsele un plus de honradez en los negocios, y de responsabilidad laboral para con sus trabajadores y para con la comunidad en la que desarrolla su actividad (e incluso las demás sociedades con las que globalmente se relaciona e incluso con el planeta que comparte con los demás).

Creo en la planificación sobre el libre desarrollo del mercado. Y que a veces hay que poner límites al valor de algunos bienes independientemente de lo que marque la ley de la oferta y la demanda. Y en los precios públicos cuando hace falta esa intervención del estado. Y en las cuotas temporales por ley hasta que una cuestión tenida por la correcta se normalice. 

No creo que el legítimo derecho a la búsqueda de la felicidad de las personas dé cobertura a la imposición de mis ideas sobre las de otro por muy seguro que esté de ellas, y menos si son por mera estética y no persiguen la protección del más débil. Creo que los verdaderos enemigos son los dogmatismos de todo signo. Y más que ningún otro los que animan a saltarse la ley si esta no está de acuerdo con sus postulados. Creo en el respeto entre discrepantes y en el dialogo siempre que sea posible para abordar y solucionar los problemas. Pero también creo en las líneas rojas, y en dar la mano abierta , franca y confiada, pero negarla y enfadarse con quien abusó de tu confianza si te quieren coger hasta el hombro aprovechando tu buena fe.

Creo en no tocar lo que funciona -En el fondo hay algo racional en el "rechazo al cambio" que todos llevamos dentro-. Creo en cambiar la ley desde la ley. Y que por suerte y gracias a la lucha de nuestros antepasados ya no vivimos (al menos en occidente) en tiempos donde sean necesarias las revoluciones. Y que las únicas válidas son las pacíficas que a veces sí hacen falta como llamada de atención de los poderosos. Y eso me hace "conservador" en su sentido más etimológico. Y "monárquico" a ojos de algunos, y "constitucionalista" a ultranza y en exceso a los de otros, cuando en realidad solo soy práctico y sería otras cosas si hubiera vivido en otros tiempos bajo otros sistemas y con otras normas mientras estas funcionaran para los fines para las que existen, que es lo que creo que le pasan a estas que tenemos, que funcionan para los que yo las quiero y dudo de que los cambios garanticen que lo que viniera fuera al menos igual de bueno. Pues soy muy de mejor lo malo conocido, solo que ni siquiera pienso que sea malo, y poco de creerme mis autoengaños idealizados como veo mucho a mi alrededor con republicanismos utopizados. Como si fuera a instaurarse la república y solucionarse al día siguiente todo lo que nos genera hoy problema, o a notarse en el aire una mayor "no se qué" (¿libertad? venga señores por favor, seamos serios.) Que me suenan a ridículos los argumentos de que son mejores los elegidos que los coronados o están más legitimados. Porque conozco el papel simbólico de un jefe de estado en un sistema parlamentario (sea nombrado por el sistema que sea) y tengo la información suficiente para salir del bucle infantil del discurso que equipara a la corona española con los reyes absolutos del antiguo régimen por mucho que los agitadores me lo quieran presentar como realidades iguales y los simples entren por ese aro. Me suena tan absurdo como me sonaría debatir agriamente hasta la agresividad sobre las notas del himno. Igual de heredado, igual de útil o inútil, igual de simbólico. Y me enfada que no se vea más que el trapo de la tela de la bandera en lugar del significado sobre el significante. Los símbolos, conviene recordarlo, son la concreción material de algo.. en este caso de los españoles. Se me insulta a mi, y a mis antepasados, y a mi cultura y a quienes fuimos para llegar aquí.. no se insulta una tela, una pieza musical o una persona particular cuando se ofende una bandera, un himno o un rey. 
Creo que la transición reciente fue uno de esos extraños milagros de convivencia que a veces se producen en la historia cuando se suman muchas casualidades (hombres y mujeres de alta talla moral con visión de estado, capacidad de trabajo y renuncia, miras por los ciudadanos de los que son gobernantes, etc.)  que deberíamos tener siempre como ejemplo. Y yo, aunque niño, tuve la suerte de vivirla. Y por ello me molesta tanto que se la insulte frívolamente.

Creo en el valor de pensar por uno mismo y en el individuo en ese plano. En el sentido crítico. En formarse opiniones en base a información veraz y no a la víscera. Por encima de las supuestas lealtades y de los intereses. Por encima de la pasión, el grito y el enfado manipulable de los sentimientos exaltables por los líderes que saben hacerlo. Creo en la honradez y en la verdad. En el sentido de lo que está bien y lo que no, en las escalas de valores personales construidas sin la mancha del egoismo. En hacer lo correcto. En hacer tu parte del contrato social. En la justicia (la real, la natural, la que llevamos en el corazón y nos hace saber cuando algo es correcto o no), y en la bondad del ser humano como norma en su concepto más estadístico.

Tengo lo que defino como un patriotismo por derivación. No me llaman demasiado los elementos simbólicos per sé sino por lo que significan. Y desde ese punto de vista los valoro y tengo en su estima adecuada que no es poca. No soy muy de banderas ni patrias en su aspecto más folclórico ni entiendo el sentido de orgullo por algo que yo no haya hecho. Sobre todo y antes que nada soy en este sentido un convencido creyente en que lo mejor de lo que nos hemos dotado es de la misma idea de un ordenamiento jurídico. Sí. Lo confieso. Creo en el sistema y en líneas generales no solo confío en él sino que considero que es nuestra mejor protección frente a la barbarie y la incivilización. Y creo que una de las mejores previsiones que tiene es la contemplación que conlleva ya de serie de la posibilidad de su propia reforma. De la ley a la ley. Creo en su mejora, su progresión y su evolución adaptativa, pero desde él y al ritmo adecuado, no al que a algunos les gustaría para imponer su visión.
Sé que soy un afortunado por haber nacido en este país, uno de los mejores del mundo, y agradezco tal circunstancia fortuita cada segundo. 
Creo en la importancia de las fronteras. Las de España marcan el territorio donde rige la ley que conozco, se desarrolla mi cultura y mis costumbres. El espacio en que se da aquello que soy por decantación de los siglos. Donde viven mis compatriotas (que esos sí son mi patria sin necesidad de matices), son obligatorias las leyes que concretan en normas obligatorias para la convivencia del día a día nuestros valores y principios, y se habla la lengua en que me expreso. No es mejor que lo que hay dentro de las fronteras del país de al lado, ni peor, ni superior o inferior, son las mías, las que me han tocado en suerte. Y se dan dentro de esas líneas imaginarias que hemos conveniado. Por ello creo importante que los potenciales cambios que las afecten (sean pactados o violentos, invasiones, entradas ilegales, previstas, hechas correctamente, turísticas, comerciales,..) sean tratadas dándoles la seriedad que requieren  Desde ese punto de vista mi patriotismo y sentido de patria.

Creo que la Democracia como sistema necesita un reajuste y una buena repensada pues está demostrando verse aviejada por las grandes distorsiones que conlleva el paso del tiempo. la costumbre acrítica, etc. Creo que en el resto de facetas el mundo occidental va a gran velocidad (sobre todo en tecnología) y que sin embargo nos seguimos gobernando por principios del siglo XIX que quedan muy bien como letras en un frontsipicio pero han perdido sentido en muchas ocasiones. Tal vez sea cuestión de reformularlos y seguir con ellos. O de buscar otros que den base a nuestro sistema. Yo soy más de la primera opcion. Lo que es un hecho es que ya no significan lo mismo que entonces.

Se hace necesario adaptar la idea de igualdad, y la de que el pueblo está preparado para tomar todas las decisiones, y la de que las mayorías dan la legitmidad,.. la práctica democrática ha demostrado con creces que no siempre son verdades universales y a veces conllevan injusticias que hacen al sistema débil. 
He sido un convencido activista contra la pena de muerte desde que recuerdo. Sigo creyendo, desde mi educación cristiana, que ningún valor hay por encima de la vida y que nadie (Ni el estado) puede saltarse esa norma sagrada. Sigo creyendo en el valor de reinserción  social de la pena, que estoy seguro se cumple en la mayor parte de los casos. Y sin embargo mi convicción ha ido decreciendo respecto a esto con la edad. Ya no es tan firme como cuando tenía 18 años. He descubierto en mí con el paso del tiempo una faceta comprensiva respecto a la venganza ordenada (La de la ley por supuesto, no la del particular) que me lleva  a admitir cosas que con 20 años me parecían monstruosas como la cadena perpetua (o ese eufemismo que nos hemos inventado recientemente al que llamamos revisable) para ciertos casos de maldad monstruosa y peligrosa para la sociedad si están libres. 
Sigo creyendo que en el delito interviene de manera definitiva el bagaje personal en muchos casos (realidades marginadas, etc..), y que en esos casos concretos me llevan a la mayor comprensión del por qué de la actuación del delincuente. No me siento legitimado moralmente para tener el mismo nivel de exigencia ética y de sujeción a la ley con algunas realidades cuya tragedia personal considero deben actuar como atenuante. Pero tengo claro que esas situaciones son minoritarias y no una regla general como hay quien se empeña en presentarnos.

Creo en el control férreo, diligente y cercano del pueblo a las instituciones a las que da poder del que se puede abusar. Pues no solo creo que es ingenuo pensar que no se vaya a abusar de ese poder sino que la experiencia y la historia nos dice que la tendencia a hacerlo es automática pues el poder corrompe. Es una fórmula matemática, no una posibilitad. Por ello y ante este hecho contrastado e indiscutible creo que es tan importante generar mecanismos de legitimidad para dar ese poder como mecanismos para controlar las desviaciones que van a aparecer seguro. Si das poderes especiales al cónsul nombrándole dictador con el tiempo querrá ser emperador. Eso ha sido así siempre y siempre será así. En todo colectivo hay además manzanas podridas. Las distorsiones se van a dar sí o si. Vigilemos. A los políticos, a los poderosos.. y a los propios vigilantes. Pocos colectivos me merecen tanto respeto como los que se juegan la vida por mi (policías, ejército..) pero a quien damos poder para ejercer la violencia hemos de controlar especialmente pues en su caso si se dan abusos (torturas, uso indebido de la violencia..) las consecuencias son las más graves.

Creo que hay malvados y que hay que protegerse de ellos. Creo que el uso de la fuerza es la peor de las soluciones posibles siempre y que la violencia es un mal, pero también creo que por desgracia en ocasiones contadas es necesario. Y que precisamente por ello renunciamos individualmente a su uso para cederlo a expertos y creamos el concepto de uso legítimo y se lo reservamos a personas que deben estar entrenadas para su utilización proporcional y fría. Y que es un bien jurídico tan importante que hemos de ser especialmente vigilantes con su uso y radicales en la intolerancia respecto a su abuso. Creo que a quien damos el uso legítimo de la fuerza hemos de darle un plus positivo en cuanto a reconocimiento y prestigio social por la peligrosidad de su misión (en forma de remuneración tampoco estaría mal) pero que debe ir acompañado de un plus negativo de exigencia mayor de honradez y cumplimiento de la ley de manera escrupulosa que lleve aparejadas penas agravadas en caso de infracción por serlo.

Algo similar (en cuanto al plus de exigencia ética y ejemplaridad) me pasa con ciertas profesiones como la judicatura, la política, la medicina, la docencia, la función pública..

Creo que el mayor enemigo de un correcto funcionamiento de la administración es el miedo a la acusación de prevaricación y a ser acusados de favorecer a alguien que impide a los funcionarios ser valientes y tomar decisiones. Y que ello junto a la peor forma de liderazgo y dirección concebible hacen de nuestra administración un muerto inútil e ineficaz que paraliza en lugar de agilizar escondiéndose tras la excusa de la seguridad jurídica.
Creo que un gran poder conlleva una gran responsabilidad y que ocupar cargos públicos que implican poder (capacidad de influir en la vida y la felicidad de las personas) debe conllevar un plus de exigencia ética y de honradez, y sí creo que defraudar esa confianza depositada en ellos por el pueblo debe conllevar penas agravadas por el hecho de serlo. Ha llegado un punto en que al contrario de lo que dice la presunción de inocencia creo que un político me debe demostrar su honradez y tener la carga de la prueba pues presumo su egoísmo e interés. Haberlo cuidado antes. Ahora mi desconfianza hacia vosotros ya se ha instalado.

Creo que es obligación del gobernante a veces liderar aun contra lo que a sus votantes les gustaría. Velar por su interés por encima de su voluntad momentánea como masa, sin confundir ese interés general con su voluntad propia. Creo que es su obligación estar mejor informado que el vulgo y tener visión de  conjunto, y no dejarse llevar por el tuit o la popularidad como indicadores de medida de la calidad de su ejercicio del poder, sino la felicidad de su pueblo.

Y, bueno, en cuanto a otros miles de temas.. creo que vamos hacia la destrucción el planeta a largo plazo pues no sabemos dejar de ser egoístas y las generaciones futuras nos pillan demasiado lejos, creo que es obligación de los gobiernos reajustar mediante leyes obligatorias que nos hagan hacer cosas que a veces no queremos hacer pues hay causas más importantes  que nosotros mismos...
..Creo que hemos olvidado (por suerte en cierto modo) la idea de actuación de emergencia que en casos de guerra por ejemplo une a los pueblos por una causa común haciendo comprensibles los sacrificios necesarios y renuncias personales por algo superior a cada individuo. Y que a veces habría que recuperar esa idea ante ciertos retos.

Creo en la vida como bien supremo y creo que dentro de muchos años si se recupera cierta cordura ética se mirará a esta época con asombro asqueado respecto a lo que hicimos con la comprensión del aborto por comodidad egoísta en muchos casos (Respeto mucho algunas situaciones, pero no tanto otras). Aunque en realidad me da más miedo que la naturaleza humana egoísta se haya impuesto para entonces en su vertiente más triste y la visión que se tenga de nosotros en este sentido dentro de 300 años sea comprensiva porque ese egoísmo se haya convertido en ley que rija en toda las cosas y actos. Creo que el asunto es de una gran complejidad y no se pueda abordar con soluciones simplistas y maniqueas, pero desde luego lo que no concibo es su configuración como un derecho de la mujer. Me gustaba la óptica que estudié en la carrera que entendía que el aborto era un delito para el que , como con el homicidio con la legítima defensa, había excepciones sumamente comprensible que lo despenalizaban. Pero el mensaje de cual era la regla general quedaba claro.

Me importa poco cual sea la forma de organización del estado mientras la que se decida tenga por fin la felicidad de los ciudadanos y no atente contra la igualdad que debe haber entre nosotros. Hay aspectos en los que entiendo que el centralismo de su regulación debe ser regla en la competencia del estado, hay realidades más cercanas en que me parece que la proximidad de lo local ayuda,.. Me parece manipulador el debate federalista vs centralista, autonomista vs nacionalista, nación contra nacionalidades, (¿Se creen que somos idiotas?. bueno,.. No pregunto, afirmo..), me hacen reír expresiones que nos hemos inventado para contentar a algunos (Y que encima nunca lo lograron) en sus ambiciones diferenciadoras y elitistas, como Comunidades históricas, nacionalidades, etc.
La parte de mi que aun vive en la utopía sigue pensando en términos supranacionales y a pesar del desengaño que han supuesto realidades como la Unión Europea o las Naciones Unidas sigo creyendo en el europeísmo y en una cierta forma de autocontrol mutuo mundial. 
Nada me parece más malvado y ridículo que el nacionalismo localista y tribal (Y mi concepción de tal cosa es bastante amplia) que basa todo un constructo político en el orgullo por algo que no has hecho tú y en el azar de haber nacido en un punto geográfico u otro.

Temo más que ninguna otra cosa en política a los populismos que apelan a lo visceral por encima de la reflexión moderada y la razón. Sé de la facilidad con la que los simples pasan de las palabras a los hechos cuando se les sabe agitar, y en el efecto contagio que tienen las posturas acríticas, y en lo poco que hemos aprendido de la historia. Temo a los polemistas y agitadores que obtienen sus orgasmos de atemorizar al vulgo acrítico necesitado de un enemigo enfrente.. Temo la necesidad tan históricamente española de dejarnos llevar por la víscera sin pensar.. Me da miedo el dogmatismo que tienda a pensar que el otro está equivocado y que el mundo sería mejor si todos pensamos como yo (así que a los otros hay que arrinconarlos hasta que seamos tantos como para que huyan o los eliminemos) 

Y seguro que hay muchos más temas sobre los que tengo opinión política y que ahora no se me ocurren.

...

Y ya.

viernes, 20 de diciembre de 2019

MANNERS MAKETH MAN



O DE LA IRRENUNCIABLE IMPORTANCIA DE LAS FORMAS

Sin renunciar al fondo, que indudablemente es lo más importante siempre, reivindico hoy ante todos ustedes la importancia de la forma.

La fobia a las formalidades y el rechazo a esas cuestiones es síntoma de inmadurez igual que el exceso en ellas lo es de obsesión y rigidez. Las formas tienen su sitio siempre que no se conviertan en requisito que supere en importancia al fondo de cada cuestión. Es un error desestimar lo adjetivo o instrumental en favor de la desnudez del sustantivo. Como las palabras indican, lo que sirve de instrumento o acompaña adjetivando es un complemento y como tal tiene su función. He aprendido con el tiempo a valorar el ceremonial y el símbolo como aspecto externo en su justa medida y a dar a estas cuestiones la importancia que tienen como complemento a los aspectos esenciales.

Esto tiene su excepción en el derecho, en muchos de cuyos elementos la faceta formal tiene si no tanta al menos sí muchísima importancia.

Una frontera, por ejemplo, es algo formal. Igual que un ritual. Lo primero es físico (si podemos llamar así a algo tan intangible como una línea sobre un mapa). Lo segundo es sólo un protocolo obligado, una ceremonia a veces, una sucesión de pasos únicamente. Y sin embargo en ambos casos la potencia de su significado viene dada por la fuerza de su significante. Aquella nace y tiene efectos por su elemento formal incluso a veces por encima de su contenido de fondo. El elemento formal es casi tan importante y sustancial como el elemento esencial.

Una frontera simboliza y limita un espacio geográfico dentro del cual es de aplicación un ordenamiento jurídico. La separación artificial entre estados en USA puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte para un reo por la jurisdicción que entrañan. Pasar esa línea supone reconocimiento de derechos y establecimiento de obligaciones que un metro más allá no existían.
Una cierta sucesión de pasos, una determinada forma de hacer un gesto, atravesar por unos trámites en cierto orden.. tienen reconocimiento jurídico como en el caso de una compraventa, un contrato de cualquier tipo o un matrimonio.
Existen hasta "sitios" formales. Espacios que bañan de significado a un acto. Lugares en los que si se hace algo adquiere legitimación y fuerza. Como el Congreso; si un texto se apruebe en este lugar (y no en otro) de determinada forma se convierte en ley, o la iglesia como terreno sagrado, o los edificios de la Universidad en los que se cambiaba de jurisdicción y se buscaba refugio de la justicia ordinaria. O algunos lugares (e incluso muebles -tronos- o joyas -coronas-) a los que se reserva la legitimación para coronar reyes (tiene que ser en ese y no en otro para que el acto se válido).

Las culturas jurídicas herederas del derecho romano como la nuestra dan gran importancia (hasta el punto de convertirlo en elemento fundamental en muchos negocios jurídicos y actos con trascendencia en el ordenamiento) al aspecto formal y externo incluso por encima del esencial que da razón de ser al acto. Nuestra herencia jurídica latina sacraliza la exigencia de ciertos pasos (incluso ceremonias) para entender que una decisión tiene consecuencias jurídicas. En derecho romano la falta de cumplimiento de un detalle externo de una ceremonia podía servir para invalidar con nulidad plena un acto jurídico. Incluso con un toque religioso como en los establecimientos de las lindes de las fincas.

En nuestra realidad jurídica actual somos deudores de aquella visión. La forma en que un tribunal se organiza, incluso físicamente, por ejemplo. O el hecho de que nadie es rey hasta ser coronado por mucha claridad en la sucesión dinástica que exista o mucho amor que le tenga su pueblo y le aclame como tal (A Alfonso VI no lo tuvieron los nobles como tal hasta el acto público de Jura en Santa Gadea) Ante el sistema legal de nada vale odiarse entre dos pueblos. Si no hay una declaración formal no se aplica el derecho de guerra. O quererse mucho dos personas si no se atraviesa la formalidad ceremonial y documental del matrimonio en cuanto al acceso a cierto status de derechos y obligaciones. Una compraventa no se perfecciona hasta superados ciertos requisitos formales (en algunos casos incluso documentales) por mucho que las partes puedan estar de acuerdo en precio y cosa (al menos a efectos probatorios. Aunque entre ellos consideren el bien transmitido ante la sociedad puede no ser considerado así). Varias personas reunidas para el cumplimiento de un objetivo aunque son de hecho una asociación no lo son jurídicamente hasta que se inscriben como tal en un registro, etc.

Hoy me detengo en uno de esos elementos formales en el que con frecuencia no nos paramos  a pensar: El Momento.

En muchas ocasiones en la vida del derecho la cuestión del momento es esencial. El momento en que se transmite la propiedad como hemos visto (La nuda propiedad no se entiende transmitida hasta el momento cronológico en que ciertos elementos se materializan.), a efectos de responsabilidad civil es de gran importancia el momento en que se transmite la tutela de un menor de manera efectiva de quien la ostenta al maestro que va a ejercer la custodia momentánea en una excursión, el momento en que un licenciado en derecho se colegia (a través de una cierta liturgia obligatoria) y se convierte así desde entonces y no antes en abogado, el momento en que un diputado recoge su acta convirtiéndose así en tal o un funcionario jura su cargo tomando posesión efectiva de su plaza a costa de perderla si no lo hace aun habiéndola ganado en oposición, el momento en que se firma una declaración de guerra o la paz, o un contrato entre particulares, el momento en que se hace algo de determinada manera y en cierto orden ante un notario, el momento en que una solicitud administrativa es registrada (marcando día y hora exactos para tener a qué atenerse en cuanto a plazos o para empezar a tener consecuencias), etc. 

Todos estos momentos son esenciales para que el hecho tenga consecuencias jurídicas y marcan el instante a partir del que estas surgen. Antes de ese momento era la nada para ese negocio o acto. Solo existe desde un segundo concreto para el derecho por mucho que la causa que le da razón de ser le fuera anterior (Por ejemplo el noviazgo apenas tiene efectos jurídicos, ya ni siquiera la llamada promesa de matrimonio, sólo lo tiene el acto de la firma de los cónyuges, por mucho que llamemos al bebé Andy su nombre legal es Andrés pues ese fue el que quedó registrado). El momento es relevante en derecho.

Saber que si se cumplen ciertos requisitos formales (documentales. protocolarios, físicos –como el paso de una frontera-, o temporales como los expuestos) se está actuando de una manera reconocible y aceptada aporta seguridad jurídica y tranquilidad. Permite saber a qué normas atenerme en un territorio, que obligaciones tiene una persona, qué derechos, desde cuándo los disfruto o no, etc. Es la forma (la frontera, el ritual, el momento) en todos estos casos la que da ese rasgo, no el fondo. 

Por todo lo dicho y aunque suene atractivo por ácrata y anárquico y a menudo nos guste oírlo.. cambiar de criterio respecto de la importancia del respeto a la cuestión formal ataca las bases de nuestro sistema pues aporta inseguridad 

¿Y a qué ha venido toda esta perorata truñaca hoy? 
Pues a que me fastidia que me cambien las reglas de juego sin más explicaciones.

¿Para qué existe un acto (Que marca un momento concreto) de toma de posesión de un cargo (Eurodiputado pongamos por ejemplo) si no tiene efectos jurídicos y su status de derechos y obligaciones se adquirió  sin necesidad de este desde que fue elegido? ¿Las juras, acatamientos públicos y expresos, las tomas de posesión, los matrimonios, las coronaciones, los juicios, las inscripciones registrales. son solo liturgias escénicas meramente estéticas, prescindibles y carentes del elemento legitimador de la forma? Porque si es así nos las podemos ahorrar. 

¿Cuando hemos abandonado la hermosa tradición formalista del derecho romano?

Y ya. 

viernes, 6 de diciembre de 2019

AYER VI CÓMO SE LLEVABAN MIS RECUERDOS


Ayer unos hombres profanaron mi alma y se llevaron un trozo. Sé que es su oficio y que no estaban siendo conscientes de la gravedad de sus actos. Por eso los perdono. Mientras los veía desmontar aquel mueble y llevárselo por el pasillo en tablas que irían a parar al reciclaje sentía desgarrarse algo por dentro. Ellos no se daban cuenta pero para mí aquel estaba siendo un potente símbolo del paso del tiempo, de la vertiginosa velocidad de la vida, de los recuerdos, de los sueños cumplidos y de los que no se cumplieron.

Cambiar la habitación de mis hijos es una muda de piel y la serpiente no añora la vieja, pero yo no podía evitar sentir cómo se iba en el aglomerado de aquellas tablas, como absorbida en los poros de la madera, una parte maravillosa de mi vida; centenares de anocheceres y miles de recuerdos. 

Por el pasillo los operarios se llevaban sin saberlo todos aquellos cuentos que me inventaba cada noche mientras se dormían oyéndome. Y sus personajes. Bajo su brazo, en forma de tornillos y baldas, se iba el indio Manoblanca y aquel pirata cuyo nombre no recuerdo. Desfilaban más de una década de nueves de la noche, cada día sin faltar uno solo en todos esos años, cuando, puntuales, mis dos enanos se acostaban obedientes tras la cena y una vez tumbados gritaban suavemente "¡Papá, Yaaaaa!" para avisarme de que estaban listos para el cuento que tocara y dormir luego. En aquellas tablas se iban una a una las mañanas en que durante casi 15 años hice sus camas a diario, y las "peleas" sobre el colchón, y las madrugadas en que me acurrucaba junto a uno ellos para atenuar las pesadillas con mi presencia hasta que por fin se durmiera y yo amanecía al día siguiente aún acostado a su lado, y el gesto miles de veces repetido de arroparles hasta el bozo y ajustar las mantas a los bordes para abrigarlos, y las fiebres, y los sudores, y las toses, y los malos ratos en las pequeñas enfermedades, y sus caritas adormiladas cuando levantaba la persiana para despertarlos todas las mañanas antes de la guardería o el cole,  y los libros leídos sentado a su lado mientras me escuchaban acostados y se les iban cerrando los ojillos, y aquel recuerdo de una noche en que cerré la puerta para hacer la plena oscuridad en el cuarto y quitarme rápido el jersey de lana para hacer chispas al roce con mi pelo, y su asombro inocente al ver el efecto, y la seguridad de que me necesitaban y me querían como quieren los niños a sus padres, e ir viendo cómo cada día aquel mueble se les iba quedando más pequeño. Como si en lugar de crecer ellos fuera el mueble el que encogiera. Y era a mí a quien se le encogía el alma al verlos tan cerca y a la vez alejarse.

A cambio de dejarme el vacío de una habitación que ahora hacía eco aquellos tipos se llevaban 8762 besos de buenas noches.