domingo, 6 de diciembre de 2020
BISBEE (ARIZONA)
lunes, 30 de noviembre de 2020
LOS CATORCE DÍAS DE ABDERRAMAN III
Cuenta la leyenda (Y así la recoge Antonio Gala en sus novelas) que el rey, que había tenido una vida supuestamente plena y disfrutado todas las riquezas y placeres imaginables, hizo un día una interesante reflexión cuando dijo que en toda su vida (Tenía entonces más de sesenta años) sólo había tenido en total catorce días plenos de felicidad. Es para pensarlo. 14 de un total de más de 22.000.
He hecho el ejercicio. Y las cuentas salen. Porque no hablamos de mera diversión, ni de momentos de calidad, ni de instantes o ratos. No se trata de conversaciones de unas horas, ni de juergas, ni de un polvo maravilloso, ni de aquella cena, aquel cigarro, aquel whisky, aquella película, aquel concierto o aquella novela, ni de unas risas, ni de la fiesta en la que.. Hablamos de días enteros de felicidad plena. Hablamos de ser feliz desde que te levantas hasta que se te cierran los ojos.
No quedan tantos una vez que restas aquellos de la infancia en que lo estabas siendo pero no eras consciente y aquellos otros en los que lo tenías que haber sido pero tú sabes que, por alguna razón, no lo fueron tanto (esos que quien te ve desde fuera piensa que sin duda seleccionarías en tu lista y sin embargo tú no lo haces). Haz la prueba. Si reúnes los 14 del rey eres un afortunado o te estás mintiendo a ti mismo.
Me hago trampas en la contabilidad porque tengo la suerte de contar en mi recuerdo con periodos de varios días seguidos de los que cualquiera de ellos estaría en esta lista y solo cuento como un día todo el pack.
Miro la lista y no hay uno solo que pasara bajo techo. Todos ellos son al aire libre, acampado o de marcha andando por carreteras y caminos, o viajando, recorriendo lugares solo o acompañado, en ciudades nuevas, sobre la moto, en barco, en bus con amigos, día de buceos o subiendo a alguna cima. Tal vez alguno de clase en aquel COU tan divertido.
Todos son cansados, plenos, satisfactorios hasta el agotamiento. No tienen otra cosa en común pues en varios estaba sólo mientras que en otros tenía la mejor compañía posible para ese día. Los hay llenos de silencio y otros completos de diálogos maravillosos.
Solo sé que, a la manera de Arya Stark con su lista, pero al revés, me gusta quedarme dormido haciendo esa recapitulación mentalmente:
- Aquel día contigo en Roma
- El del brindis en Drumnadrochit
- Aquel otro en la marcha de los puertos entre Asturias y León.
- Ese en la moto por las playas de Normandía.
- El día que nos perdimos en Estambul.
- El del campamento de Quintanar que acabamos enterrando una botella.
- El de Pontedo y el juego de Tola.
- El que fui a bucear y volví cambiado.
- El Trastévere con mis hijos..
- El que tardamos en construir aquel puente sobre el río en Cármenes
- El de Sad Hill y su puro
- El de nuestra primera vez en las Tuerces
...
..
.
Y ya.
miércoles, 25 de noviembre de 2020
ELEGÍA A LA POSTURA DEL MISIONERO
Es injusto. Se recordará este día porque murió Maradona y sin embargo la verdadera distorsión en la fuerza que hoy se ha producido ha sido la partida de José Luis Garayoa. El mundo es un poco peor sin él. Aunque también, y esa es la buena noticia, es mucho mejor gracias a su paso por aquí.
Por menos de lo que hizo José Luis Garayoa se han organizado desfiles y llenado el cielo de confetis lanzados desde los rascacielos para conmemorar cosas menores comparadas con su vida. Del paso de José Luis Garayoa por la tierra deberían hacerse canciones y estudiarse en los libros. Llenamos las horas de debates absurdos y polarizantes buscando nombres que poner a las calles de nuestras ciudades que no ofendan a nadie, y teníamos el suyo disponible. Debería ser recordado por las generaciones y puede que mañana ya no sea sino una ola en la arena.
Pero estoy seguro de que no será así. No porque nadie oficialmente ordene su memoria como obligatoria inventando un día dedicado a él, sino porque deja tanto amor en el mundo que es imposible que el tiempo lo borre de tantas y tantas personas en cuyo recuerdo queda su sonrisa. Con la medalla de Navarra o hacer el saque de honor en el Zorrilla no vale.
Lo conocí en los noventa. Era ya entonces el padre agustino que murió hoy. Se le veía como ligeramente falto de aire aquí. Fuera de su lugar. Deseando volver cuanto antes a primera línea con los suyos. Y sin embargo sonreía y era feliz como solo los santos pueden llegar a serlo. Su postura era la del misionero. Hacíamos bromas con eso. La pobreza era su medio, su alegría, su vocación y su esperanza. En una ocasión lo secuestraron en Sierra leona por hacer aquello a lo que se dedicaba y estuvo a punto de morir de una manera horrible. Vio jugar a la pelota a sus captores con la cabeza de otro de los rehenes. Así me lo contó él mismo. Y sin embargo los amaba mientras me lo relataba. Y era sincero. Y no lo hacía por obligación ni cumplimiento de ningún voto, ni por mera piedad condescendiente mal entendida, sino desde el corazón. Tuvo al verdadero Jesús como guía en cada momento. A ese Jesús que se encarna de cuando en cuando en hombres así demostrando a los escépticos su existencia. En sus debilidades humanas también, en sus aciertos divinos sobre todo. En su darse constante. Decir constante últimamente está sobrevalorado y suele hacerse de manera hiperbólica. No es su caso. Su darse sí era constante. Desde hace muchas décadas y cada minuto del día. Si respeto el hecho religioso, más allá del respeto que me merece la creencia íntima de cada ser humano, es por José Luis Garayoa. Él sí era la Iglesia en la que creo. La del amor. La de la humildad y el trabajo por quien no puede luchar por sí mismo. La de la coherencia valiente que queda fuera del alcance de los que somos cobardes para llevar a las últimas consecuencias el mensaje en el que creemos. Es por él también, en su memoria, que desprecio tanto a quienes manchan algo que mi amigo tan bien personificó,
Aprendí de él un sentido práctico, radical, activista y militante del término "cielo". Hablaba desde la modestia sencilla, el trabajo y la sonrisa eterna. Sonrisa que iba plantando a su paso, cultivando felicidad de otros y regándola para que creciera fuerte. José Luis era el amor.
Hoy ha fallecido la mejor persona que he conocido nunca. No es una forma de hablar ni una exageración hagiográfica. Es la única descripción que se me ocurre. José Luis era un hombre BUENO con mayúsculas. Y eso son palabras mayores. Garayoa jugaba en otra liga de la bondad y la calidad humana, en una a la que los demás no llegaremos ni soñándola.
Me llamaba su amigo y jamás habrá ningún timbre que ostente con mayor orgullo.
Ojalá esté con su Dios y todo sea como él creía.
sábado, 31 de octubre de 2020
EN TORNO A LA SUSPICACIA
La hipersensibilidad va a ser el rasgo por el que se hará reconocible toda una generación. La que va a crecer con la sospecha subida a su hombro como un loro pirata que les susurra al oído que deben ofenderse por cosas que a nadie habrían ofendido hace veinte años. Y hacer patente su molestia, no sea que a alguien se le haya pasado y no se haya dado cuenta de lo que algo les ha molestado. ¡Que yo tengo mis derechos! ..No te vayas a pensar.. y que no cedo ni un milímetro en la lucha por su defensa..
La de una promoción que llama lucha a 144 caracteres faltas de ortografía incluidas. La de quien ve arrepentimientos sospechosos en un mensaje eliminado en Whatsapp y a la que hay que añadir un emoticono de una carita sonriente para que distinga cuando algo se dice en serio y cuando en broma. Esa con la que hay que andar con cuidado autocensurándose para no caer en supuestos ataques que aunque no sean intencionados son dignos de reproche. La que se sabe poderosa por poder hundirte aún sin razón aparente. La de la mentalidad defensiva aunque no haya ataque, por si acaso, en prevención. La que crea las normas sociales y te las va descubriendo a medida que las infringes. Y te lo hace saber, como la turba que persigue al monstruo con sus horcas virtuales. Esa de la que estás en contra salvo que se demuestre lo contrario. Y que lo debes demostrar además activamente o serás acusado de tibio y equidistante. El peor pecado del vigente decálogo.
La quinta de la piel fina, del dogma de lo políticamente correcto, de las premisas indiscutibles, de la falta de matices, de la asunción acrítica de lo que se les ha dicho en los últimos 20 años pero el pleno convencimiento de la evidencia de que lo anterior a ellos (y ellas) era erróneo.
RECUERDOS DE LA ARCADIA
(O de cómo tal vez el arma del diablo ha sido la comodidad)
viernes, 16 de octubre de 2020
PIANISTA MARTÍNEZ
Idea para un guion.
Años después de la guerra del 36 un influyente falangista y divisionario laureado de apellido Martínez busca a su sobrina con los hilos que su posición en la dictadura le permite mover. La chica se perdió siendo niña en medio de un bombardeo en Toledo y él tiene la esperanza de que siga viva. Es la hija ilegítima de su hermano fallecido que era un viva la vida, pero es su sangre.
En su busca encuentra en un pequeño pueblo de los Arribes del Duero a una joven parecida al crápula de su hermano y cree que puede ser ella. Le pregunta por sus recuerdos. No tiene ninguno de sus padres. Cada vez más convencido de haber dado con la bastarda le dice quien cree que pudieron ser.
Para ello le cuenta su historia familiar.
Empieza relatándole como a su hermano Jorge y a él el malnacido de su padre los abandonó siendo niños en su lejana Valencia, y dejó sola a su madre a su cuidado. Le narra que solo tiene un lejano recuerdo de ella cocinando una paella riquísima pues al poco tiempo la madre murió de tristeza y ellos fueron internados en un hospicio.
Explica que siendo muy críos los separaron y que solo supo de su hermano en momentos concretos a lo largo de sus mutuas existencias. Mientras a él lo adoptó un cabo de la Guardia Civil y su esposa, a su hermano lo recogió una familia de comerciantes de Murcia que ya tenían una hija, Antonia. Lo trataron como a un hijo y Ana, la madre, le enseñó a tocar el piano, pero el muy desagradecido cuando crecieron dejó embarazada a su hermanastra y tuvieron que casarlos.
Entonces llegó la guerra. El canalla de Jorge fue saliendo del paso en la vida tocando el piano en antros y tugurios gracias a las notas que le había enseñado su madrastra, que también murió al poco de su matrimonio sin llegar a conocer a su nieto Anselmo. Vivieron bajo el mismo cochambroso techo los tres con su suegro durante un tiempo. Al cabo Jorge también se fue a vivir la vida como antes hiciera su padre dejando allí a Antonia, al niño Anselmo, al suegro y a un proyecto que estaba en la barriga de Antonia y que luego se llamaría Ana como la abuela. Y como no sabía tener la bragueta subida se encamó con una golfa a la que no pareció importar mucho el anillo que Jorge llevaba porque no se podía quitar.
La historia de Laura, que así se llamaba la susodicha, tampoco era envidiable. Casada sin amor por pena con un pringao que la dejó embarazada en primero de enfermería tuvo a su hija sola y se hizo puta, pues se enteró de que durante la guerra un señorito había reconocido al pringao como hijo de un padre rojo y lo habían fusilado (Luego se sabría que no había muerto sino echado al monte y que lo habían terminado matando los suyos)
Así que allí estaba Jorge con su otra familia, hija putativa incluida, mientras la suya le esperaba de regreso. Pero es que Laura sabía hacer cosas que con Antonia ni hubiera soñado.
Laura le cuenta un día que mientras estaba fuera ha venido Antonia y a pesar de lo forzado de la situación y de lo violento han hecho buenas migas. "To pa tí" le ha dicho cómplice y se han despedido como buenas amigas. A Laura le ha caído bien Antonia. Le dice que tiene otra hija, Ana, de la que Jorge no sabía nada. Entonces despechado por el desprecio Jorge abandona a Laura y va en busca de Antonia para saber "qué es eso de que ella le abandone a él. Faltaría más". Pero cuando llega a su casa un mes después se entera de que han emigrado a Suiza. Ya nunca la volverá a ver, ni al chaval. Ni conocerá a su hija. Tampoco volverá a ver a Laura, que ha cogido a su hija y su nuevo bombo, del que Jorge no sabe nada, y se ha dado el bote.
Laura hace ahora la calle por pueblos y ciudades. Tiene dos bocas que alimentar. Una hija del pringao y otra de Jorge. Un día el nuevo chulo de Laura coge a las tres y se las lleva, pero en Toledo un bombardeo mata a la mayor y separa a Laura de la pequeña. Laura no volverá a verla nunca más. Entonces se entera de que Jorge ha palmao y va al entierro. Allí ve al camisa azul que dice ser su hermano y le dice quien es pidiéndole que le ayude a buscar a su hija perdida que es su sobrina. Él se resiste a ayudar a aquella piltrafa humana, pero la sangre tira y es buen cristiano. Cede.
Tras años de búsqueda infructuosa Laura muere en la cárcel sifilítica y él sigue la búsqueda.
Y ahí lo tenemos, en Aldeadávila de la Ribera, hablando con una chavala desconocida a quien acaba de decir quienes fueron sus padres. Ella no termina de creérselo. Normal. Él esta casi seguro pero duda aun.
Entonces ella le invita a quedarse a comer pues hoy ha cocinado su plato preferido. Hay paella y está de miedo. Aquel aroma trae al soldado recuerdos de la niñez cuando todo era aun fácil y nada de todo lo que vino después era previsible.
- ¿Quién te enseño a hacer paella? - le pregunta-. ¿Cómo alguien de Salamanca sabe hacer una paella así?
- Nadie -responde ella-, es un don.
- Aún no se cómo te llamas - dice él pensativo.
- Antonia -contesta-. Me acuerdo que me lo puso mi madre por una mujer a la que admiraba.
..y entonces se quedó callada.
Y ya.
(..O de como destrozar una bella historia de amor traduciéndola a la española.
Plagio descarado de Boris y homenaje a Yuri, a Lara, a Tonya, a Shasha, a Anna,
.. y a la balalaika)







