viernes, 19 de febrero de 2021

PREDETERMINISMO HISTÓRICO

 

Cuando tenía 15 años un día imaginé una teoría (Yo es que de chaval era muy dado. Ya años antes había diseñado un sistema de clasificación y categorización, establecido dos teoremas, planteado un anatema y había sido excomulgado la primera de las veces).

Estaba en la mesa del bar "El Santu" frente a mi colegio, imagino que repasando el examen de historia que tendría un rato después. Mientras me tomaba un café con hielo, que era para lo único que me daba el bolsillo, me vino la iluminación. Juro que lo que acabo de contar es cierto.

Puse por nombre a mi descubrimiento "TPEH" o "Teoría de la previsibilidad de la evolución histórica".

Imaginé que si al superordenador más potente que nunca hubiera existido le metías absolutamente todos los elementos (parámetros, aspectos que de uno u otro modo pueden incidir en el devenir de la historia e influir en ella, conflictos, histórico climatológico, tendencia demográfica, intereses geoestratégicos de los países, datos de situación y gravedad sobre catástrofes, materias primas y recursos de cada nación, carácter sociológico de sus habitantes, corrientes migratorias, enfermedades, alimentación, reparto de la riqueza, etc.), pero sobre todo si le metes toda la historia humana hasta la fecha hasta el más mínimo detalle, el superordenador sería capaz de predecir con un altísimo grado de acierto lo que sucedería en los siguientes años y periodos.

A la vista de mi teoría concluía que la historia no solo es lineal sino que es en gran medida predecible.. y única. Que sólo puede haber sucedido una historia. Que no había posibilidad alguna de que hubiera pasado otra historia que la que efectivamente ha sucedido. Y que si un observador estudia con objetividad nuestra historia como especie tendrá la sensación (yo la tenía en ese momento) de que todo lo que le ha pasado al hombre era lo que le tenía que pasar,.. lo único que le podía pasar. Que cada efecto tiene una causa y que esta es única y no puede dar lugar a otro efecto que el que ha dado. Y de este modo que si Roma había invadido medio mundo y había sido un gran imperio era porque eso, y no otra cosa, era lo que iba  a suceder a la vista de todo lo anterior, porque a eso era a lo que llevaba cada momento de la historia previa y que en eso era en lo que indefectiblemente iba a desembocar ese momento histórico. Que si en un momento dado surgió el marxismo era porque todo lo anterior llevaba a eso y solo a eso. Y que el marxismo sería a su vez causa de lo que viniera luego (como el colonialismo estaba causado por sus antecedentes y era a su vez antecedente necesario de lo siguiente). Y que la aparición de esas ideas políticas (o del fascismo, o del feudalismo, o de la revolución francesa, o de la industrialización, o del capitalismo, o del nazismo, o de la democracia liberal) se daban en un momento y no en otro porque venían provocadas por la situación social concreta (El marxismo no podía haber aparecido en la Grecia clásica). Lo mismo sucedía con las ideas y el pensamiento en general en filosofía, con las religiones.. Lo posterior necesitaba de lo anterior. Lo que sucedía en cada momento era lo que iba a suceder, lo que tenía que suceder, ni más, ni menos. En la historia no había, como en la evolución biológica, saltos provocados por casualidades o mutaciones aleatorias. Cada cosa llevaba a la siguiente.

Seguía así el siguiente cursos de pensamiento desde esa premisa hacia atrás:

- Si todo lo que será se puede saber (Ejemplo del superordenador).. -si la historia y el devenir humano son previsibles-

..eso se puede aplicar al momento actual respecto al futuro pero también lógicamente se podía haber aplicado al pasado respecto a su momento futuro respectivo.. y por tanto..

...todo lo que ha sido se podía haber sabido que iba a ser así..

.. por lo que si todo lo que ha sido es porque iba a ser así eso significa que..

..no podía haber sido de otra manera..

..y por tanto que..

TODO LO QUE ES (SUCEDE) ES ASÍ PORQUE IBA A SER ASÍ.

La historia por tanto es única. No podía haberse desarrollado de otro modo. Cada causa ejerce su efecto y ese es el resultado. El único resultado posible. 

Sin embargo muchas cosas me hicieron dudar desde entonces de mi propia teoría. Empecé a percatarme de que en realidad sí que había algo similar a azares evolutivos y algo parecido a pequeñas mutaciones que tenían mucha influencia en el devenir posterior. No seguían un criterio adaptativo como en la naturaleza -aunque a veces creía ver en lo de que el fuerte se imponía al débil algo parecido a esto- sino que eran cuestiones desconectadas que no respondían a una causa previsible y sin embargo se convertían en causa de grandes cambios: Se trataba de pequeños detalles de la microhistoria que tenían gran trascendencia (que Napoleón tuviera molestias estomacales la mañana de la batalla de Waterloo, que nadie se atreviera a despertar a Hitler el día D, etc..). Cosas que ningún superordenador podía prever salvo como remotísimas posibilidades, casuística sumamente puntual y que sin embargo inclinó en cada caso el curso de la historia en una dirección concreta. También grandes cambios esencialmente imprevisibles como la aparición de una teoría inesperada y revolucionaria como fue el cristianismo que traía nuevas visiones hasta ese momento jamás siquiera imaginadas como el amor al enemigo o el perdón. O la aparición de Internet. O los inventos debidos a la casualidad y las serendipias. O las pandemias. O la aparición de algo antes en un punto que en otro (que a alguien se le ocurriera poner estribos a los caballos en Asia en lugar de que sucediera en África o en otro sitio..)

Hoy creo en una mezcla de ambas cosas. Sigo creyendo en líneas generales en la predictibilidad de las grandes carreteras de la historia, de los eventos más importantes. En que lo que va a suceder se debe a lo sucedido. Pero a la vez considero que lo minúsculo puede tener tal influencia que cambie lo mayúsculo, y por tanto sea inútil todo intento de predicción del futuro porque siempre puede aparecer algo (no siempre aparece y no siempre se sabe lo que va a ser. Si no, sería predecible hasta eso) que lo cambie todo. Que nos movemos por una gran autopista que ya está construida y es inamovible. pero que los pequeños granos del firme puede que nos hagan dar curvas en lugar de ir en línea recta, pasar durante un rato a otro carril, o sorteemos una piedra dando un volantazo a veces... O que incluso, en ocasiones, muy raramente pero puede suceder, algo nos haga salir por una vía de servicio o por una secundaria que haga que vayamos a un lugar inexplorado del que no sabemos nada.

Y ya.

domingo, 7 de febrero de 2021

LA COMPETENCIA MÁS VALORADA: ENTENDER CÓMO FUNCIONA EL MUNDO

 "Tenía el don de saber cómo funcionaba el mundo 
y moverse entre sus reglas con soltura. 
No todos lo tienen pero todos creen tenerlo."

Durante un tiempo hice selección de recursos humanos. En aquella época se estaba produciendo la transición en este campo del mercado laboral entre habilidades/conocimientos y competencias. Eso significaba que a los consultores-seleccionadores (Los que diseñábamos los puestos requeridos según las necesidades de cada empresa y sus correspondientes procesos de selección -los organigramas y dependencias, los perfiles buscados, las funciones, los salarios, los contratos.., las convocatorias de las plazas, los elementos a comprobar en el CV, las pruebas a los candidatos, las cuestiones en las entrevistas de selección,..-) nos entrenaban a su vez para pasar de saber detectar destrezas y aprendizajes a detectar capacidades y competencias en los candidatos. En resumen que en vez de averiguar si una persona que se presentaba para un puesto administrativo sabía la diferencia entre neto y bruto, o sabía cual era la tecla de copiar y la de pegar texto en el procesador, atender al teléfono o mecanografía.. lo que había que averiguar era si esa persona tenía capacidad para trabajar bajo presión o detectar rechazos a trabajar en entornos virtuales o al cambio, o si se le daba bien trabajar en equipo en los puestos que así lo requerían, ser flexible, adaptarse a modificaciones, abordar tareas reactivas a medida que se presentaban sin desatender lo planificado, visión estratégica, lealtad a la empresa, planificar con antelación, tener sentido del deber y ética del trabajo, orientación a objetivos, responsabilidad ante los plazos, etc. 

De entonces guardo una cierta deformación profesional que aplico a mis relaciones personales, y he llegado a la conclusión de que en el futuro una de las competencias que más deberían buscarse (en los profesionales y en las relaciones personales) es la de "Comprender correctamente la realidad" (O "dimensionar", como se dice ahora), porque hoy soy mucho más consciente de la gran cantidad de personas que carecen de ella, que viven en realidades paralelas, que creen que el mundo funciona con unas reglas que no son las reales (o peor que creen que las correctas son otras y actúan conforme a ellas -hasta ahí bien- ignorando las reales por no encajar con su ideal modélico sin tener en cuenta las consecuencias dañinas para ellos y quienes les rodean de hacer eso). 

Uno de los rasgos de la esquizofrenia es la desconexión con la realidad, y me he percatado de la gran cantidad de personas que no entienden cómo funciona el mundo. Son tantas que tengo una extraña sensación; la de lo que llamo "esquizofrenia social" o al menos muy extendida. 

Y no hablo de ética o justicia. No hablo de cómo debe ser. Hablo de cómo es. No se trata (en esta entrada del blog al menos) de entrar a valorar ahora si el mundo funciona con unas normas que sean o no las correctas o éticas, o si hay que cambiarlo. Ese es otro debate. Se trata de la sorpresa que me llevo cada vez que me doy cuenta de la cantidad de gente que no sabe "manejarse" en la realidad, hace lecturas equivocadas, parte de premisas incorrectas, análisis erróneos que nadie se explica de donde han podido sacar, etc.. y se frustra cuando la realidad le devuelve una respuesta que no es la que esperaba (aunque cualquiera vería como evidente que iba ser así).


Por ejemplo creo que es deber de todo padre inculcar en sus hijos un sentido idealista de mejora de la realidad en la que vive (de justicia, de paz, valores morales y éticos..). Incluso utópico.. pero tan importante como eso es hacerle saber cómo funciona el mundo de verdad y que conozca la existencia de la maldad y la injusticia. Que sepa las reglas para saber cuales debe tratar de cambiar si quiere y las considera merecedoras de tal cambio, pero para que no le pillen de sorpresa ahí fuera. Ninguna actitud me parece más errónea (e incluso peligrosa a veces) que actuar en la vida sólo según "como deberían ser las cosas" (tapándose los ojos a cómo son realmente en un intento absurdo de esperar que así cambien) en lugar de regirse por la regla de actuar por "como son" y tratar de cambiarlas si te parecen injustas. Hacer eso lleva a la frustración, al desencanto y a la resignación finalmente cuando te das de bruces con el muro de la realidad. Eso hace que luego haya desajustes a su llegada al mundo laboral, a la política, a la empresa, a la economía, a la vida en comunidad y sociedad (en una comunidad de vecinos, respecto a la delincuencia, en las relaciones con los demás, en el matrimonio ..), en sus relaciones con las administraciones, etc.. Sus análisis son erróneos porque sus referencias son solo las idealistas de mejora sin tener en cuanta los aspectos negativos (Solo parten del deber ser sin tener el cuenta el ser). Hay que conocer las verdaderas dimensiones y reglas del mundo. Por injustas que sean. Negarlas y actuar como si no existieran, o equivocarse en su análisis es suicida. El modelo es la referencia a perseguir, no la foto de la realidad existente. Y es en esta en la que vivimos y aquella la que perseguimos.

En este sentido el mayor enemigo es el dogmatismo de creerse en posesión de la verdad y el "sentido común" que todos creemos tener. Todas las personas creen interpretar bien la realidad y conocer las reglas. Y nadie se quiere bajar del caballo de su error. Y todos quieren que los demás interpreten la realidad como ellos lo hacen. Y por tanto tiene al resto por equivocados. Y ese en el fondo es el problema. De ahí la importancia de detectar a los que sí lo hacen correctamente.

Por ello creo que quien acierte con la herramienta de detección de esta competencia será bienvenido en la sociedad futura. Quien sepa detectar quién tiene y quién no ese don habrá encontrado la herramienta que abrirá la puerta del éxito. No todos la tienen y hay que hallarla en quien esté. Hay que encontrar a quien la tenga. Esas personas que saben leer el mundo y como funciona realmente son los que se mueven por sus caminos sin problema. Esa es la clave. Y desde ese conocimiento (y la indignación que provoca saber lo injustas que son muchas veces las reglas) tratar de cambiar el mundo a mejor.

Y ya

domingo, 31 de enero de 2021

ESTO ES LLEVAR LA DEMOCRACIA DEMASIADO LEJOS

 

Me resisto a hablar de política cotidiana -pienso que no hay nada más ordinario que hablar de lo ordinario-, pero a veces no queda otro remedio. Leo y oigo mucho últimamente el mantra de que "esto que vivimos no es una verdadera democracia" y tras pensarlo creo que estoy de acuerdo, pero por motivos distintos a los de quien habitualmente lanza esa proclama. Desde hace unos años la calidad de nuestra democracia se resiente y cada vez tenemos menos la sensación de vivir en una de verdad, o en lo que creemos que debe serlo. Por suerte algunos vivimos una en los años de la transición y podemos comparar. Al menos tuvimos líderes de altura que nos enseñaron el modelo correcto que desde hace un tiempo se está destruyendo.

El mejor barómetro y prueba de lo que digo es que hemos perdido la ingenuidad idealista. Hoy aceptamos resignada y cínicamente la corrupción y la nula separación de poderes como parte del "sistema". "Picaresca española" lo llamamos para justificarlo y justificarnos ("¿quién no haría lo mismo si estuviera ahí?" es la frase con la que condonamos las deudas éticas). A nadie extraña una noticia sobre un manejo en una votación (Bush, Trump, Putin..) cuando en la concepción primigenia de democracia que nos enseñaron eso era el escándalo por definición. Hoy todos sabemos que se prevarica con frecuencia y descaro, y conocemos casos de nepotismo y de enchufados. Y que hay "llamadas" y "comidas en reservados" entre poderes para negociar sentencias o influir en jueces para que "tengan en cuenta criterios de oportunidad y conveniencia" a la hora de adoptar sus decisiones. Y que quienes verdaderamente gobiernan no son nuestros elegidos sino las élites económicas que creíamos superadas pero que en realidad nunca se fueron, los poderes que los sostienen y les dictan lo que deben "decidir" según les influya. Y la desconfianza hacia la clase política es la norma. Hubo un tiempo en que se partía de la presunción de su inocencia en tanto no se corrompieran y la excepción era la contraria. Hoy día está instalado en nuestra mente política el pensamiento opuesto y sabemos a ciencia cierta (lo han demostrado con creces) que están ahí por interés personal y económico antes que por el del pueblo al que dicen servir, y que van a robar si les dejamos sin vigilancia, y nos tienen que demostrar su inocencia si es que la tienen. Y que no estamos gobernados por los mejores de nosotros sino por los más populares o los que mejor supieron medrar y hacerse un camino de favores debidos. Y la prensa es de un color político en lugar de independiente y correctora de desvíos de poder. Y no hay diferencia entre el legislativo y el ejecutivo. Y los políticos nombran jueces de su tendencia. Y se les conoce como progresistas o conservadores sin ningún recato. Y los mecanismos de control mutuo han desaparecido. 

Hoy damos por hecho que no es la justicia lo que mueve el mundo sino el interés. Y hasta ahí es normal, es algo que hemos sabido siempre y quien no lo ha querido ver era un ingenuo, solo que pensábamos que era parte de las funciones de los gobiernos luchar contra ese desajuste y tratar de corregirlo. Y hoy ya nos hemos rendido en esa utópica creencia. Hoy sabemos con certeza absoluta que ninguna decisión política por mínima que sea es tomada sin tener en cuenta las consecuencias para el político que la toma y para su partido, o intereses en principio ajenos a la cuestión. Y que nos mienten. Continuamente. Y nos manipulan. Y nos tratan como si fuéramos idiotas.

No. Esto ya no es un estado de derecho cuando no hay seguridad jurídica y los condenados por delitos graves salen a la calle por conveniencia política sin cumplir sus penas. Cuando se usa el indulto como elemento corrector de las decisiones judiciales por interés partidista y electoral y no para evitar la injusticia de la aplicación estricta y rigurosa de la norma que es para lo que la figura fue creada. Cuando un poder (que fue creado para controlar al otro) es ninguneado en sus decisiones por el segundo y de nada vale la inversión en tiempo, dinero, profesionales, formación, etc. que es un juicio, si luego puede llegar el ejecutivo y saltarse lo decidido. Cuando el ciudadano no sabe a qué leyes atenerse, cuales debe cumplir y cuales son relativas e interpretables. Cuando se sabe de seguro que esa aplicación va a ser más o menos rigurosa dependiendo de tu pertenencia a ciertos colectivos o no.

Y en el campo ideológico el odio ha relevado a la búsqueda de la felicidad de los ciudadanos y la justicia social como metas. Y se ha instalado como medida y herramienta de eficacia política. Cuanto más consigo polarizar mejor político soy. Y se ha perdido el más mínimo sentido de la vergüenza y se mete la mano en la caja sin pudor. Y no queda un ápice de honra ni de lealtad cuando transiges con quien no condena expresamente que sus antecesores mataran vilmente a tus compañeros de partido y a los servidores públicos y a los ciudadanos en general y a niños entre ellos, y lo haces por un puñado de votos. Así se pudre un sistema. Desde su base. Desde los valores que lo dan fundamento.

Y me duele especialmente por lo que tiene todo ello de "normalidad". Para mí (y espero que para la mayor parte) esos comportamientos son faltos de ética e incorrectos. Aunque la gente los asuma saben que están mal pero los tienen por un mal menor. Sin embargo para la siguiente generación serán tan normales (en el sentido de frecuencia) que serán tenidos por normales (en el sentido ético y estético) a base de haberlos visto repetidos hasta la saciedad.

Y ya.



sábado, 9 de enero de 2021

EL DON


Para ver el sol en los días nublados me hice piloto,
para elevarme sobre las nubes en su busca.
Y para verlo brillar sobre los pinos
construí un torre mas alta que el bosque
a la que subirme siempre.

El don es volar. No ver las ciudades debajo de tan alto que vuelas. Ver sólo campos de nubes. Contradecir tu esencia. Elevarte ingrávido. Estar donde nadie más está. Donde les es prohibido al resto. Perder el sentido de la verticalidad y vivir en las verdaderas tres dimensiones. Moverse por el aire. Hacer las líneas rectas. Volar sobre las cimas y las cuerdas. Donde se pensaba que estaban los dioses. Saberte el privilegiado que eres. Poder elegir subir un poco más todavía, la dirección absoluta y axial en que moverse. Ser la desconexión y el olvido por un momento. Estar solo aquí arriba. Dueño de todo.

Lo sublime es el segundo en que rompes el hilo con el suelo. El segundo primero en que flotas y asciendes. En el que, por miles de veces que lo hayas hecho, sientes de nuevo el agradable vuelco en el estómago de quien se separa de la tierra retando a la gravedad. Es la sensación de ser un dios y un elegido que doma con sus alas el mundo prohibido a los demás y rompe en cada despegue el cordón umbilical. El dueño de la gigantesca fuerza que te empuja y está bajo tu dominio. El único que puede sentir esa sensación de control total en el instante.

El don es olvidar durante ese tiempo el suelo al no tener otro que el blanco debajo de ti y el azul fascinante encima. No tener otra preocupación que el horizonte. Separarte de todo lo que no sean tus sensaciones. Saberte poderoso y diferente, elegido para estar en ese mundo vedado al resto que es el aire. Especial. 

Es saborear el poema hecho de jirones. Entender que todo el camino que te llevó aquí mereció la pena por este momento que nadie más sabe como sabe.

Volar es el don.

lunes, 21 de diciembre de 2020

ABUELITO DIME TÚ...


Espera, ojo.. que hay quien sigue sosteniéndolo de verdad, no creas. Que igual soy yo que no lo veo claro, pero es que no le pillo el punto al argumento oye. Que a mi es que me parece que a alguno le ha cegado la visión idealizada de lo rústico y sigue, sostenella pero no enmendalla, defendiendo una supuesta vuelta a lo rural. Y no se refiere de visita, no. Ni siquiera se refiere a vivir allí ahora con los medios y comodidades actuales. No, no.. Dice de volver de verdad a vivir como antes. Y lo dice en serio, no te vayas a creer. 

Que no se yo qué le ve nadie de atractivo a volver a tener una esperanza de vida de 60 años. Seis décadas de las que te has pasado 5 eslomándote 360 días del año a trabajar de sol a sol arrancando terrones al suelo esperando que llegue el día de la fiesta del pueblo para que haya baile y las mozas de otros pueblos vengan y poder conocer así a una mujer del mismo valle con la que tener siete hijos sabiendo que van a sobrevivir como mucho cuatro más allá de los veinte. A vivir en un lugar frío y apartado de un hospital al que ir si lo necesitas. A curarse los sabañones con remedios caseros. A solo conocer dos días; el domingo y los demás. Y muchas veces ni eso. 

Porque el olor de la leña es agradable para el urbanita, pero al que tuvo que cortarla cada otoño para tenerla lista para el invierno porque era la única forma de tener calor se la pela el aroma. Y los prados verdes molan desde una ventana de madera, pero es que hay que segarlos y arreglar la ventana para que ajuste y no se vaya por ahí el calor. Y levantarse a las cuatro para ordeñar o sacar al ganado. Porque a mi es que la endogamia me da un poco de yuyu y porque los pueblos de España han sido durante siglos el terreno del juego favorito de nuestra raza: la envida y el cotilleo, la maledicencia, el cainismo negro y la maldad retorcida de quien es capaz de matarse a tiros de posta por una linde supuestamente movida veinte centímetros o de denunciarte para que te fusilen (si no matarte él mismo) por unos celos catetos.

Así que me vas a perdonar amigo pero ahí no me vas a tener contigo.

Y ya.

lunes, 14 de diciembre de 2020

LA MEDIDA DEL TIEMPO

Hubo un tiempo en que el tiempo no existía. Eras enteras cuyos días no tenían divisiones. Hoy precisamos ser precisos. Damos por hecho saber la hora con exactitud sin que, valga la redundancia, la valoremos en su medida. Hubo un tiempo en que cuantificar el tiempo no era imprescindible, ni necesario siquiera. Nuestros tatarabuelos solo necesitaban saber si era de día o de noche y en qué punto del cielo estaba el sol para hacerse una idea de lo cerca que estaba de acabar una jornada que moría con la luz. Luego necesitamos una dimensión e inventamos las horas y las pusimos nombres. Y tuvimos tercias, y sextas, y nonas, y vísperas.. y seguimos su sombra en los muros y tocamos las campanas para hacer saber a los hombres en qué momento del día estaban y cuándo debían dejar unas obligaciones para cumplir otras. Y los navegantes necesitaron el segundo para sus mediciones pues ya no les bastaban las ampolletas para ser exactos y conocer el punto concreto en que se hundían en el mar con sus sextantes y horizontes. Y alguien colgó dos piedras y las hizo péndulo generando un movimiento que tardaba en morir y permitía a la máquina decirnos el instante. Pero era enorme y no podía llevarse en los barcos ni cabía en los bolsillos de nuestros chalecos ni menos portarse en las muñecas así que encerramos al tiempo en cárceles de cronómetros y torres como antes habíamos hecho con la extraña aguja china que flotaba en el agua mirando siempre al mismo lugar desconocido y lejano, y a la luz que trataba de escapar y sólo podía girar asomada a los acantilados.
Y empezamos a oír algo que hasta ese instante nunca había tenido sonido propio, y el tic-tac acompasó nuestros momentos, y a esclavizarnos con mantener su latido dándole cuerda, y un día vestimos el tiempo y lo amarramos a pequeñas cadenas y lo llevamos encima en nuestros trajes encerrado en cajas mágicas para las que había magos llamados relojeros. Eran capaces de hablar el lenguaje de lo minúsculo y de entender los mecanismos y engranajes misteriosos. Y decían palabras maravillosas como minutero.
Y entonces necesitamos saber qué hora era. Y requerimos de la precisión. Y la exactitud fue obligatoria. Y mirábamos nuestras muñecas para saber cuándo existíamos. Y lo hacíamos a menudo. Muchas veces cada día.
Y dejamos atrás la infancia en la que nunca importaba el tiempo. Y nos dirigimos sin mirar atrás hacia ese punto donde ya nunca más lo hay. Porque olvidamos que hubo un tiempo en que no era necesario que hubiera tiempo.

Y ya.

DEMANDA CULTURAL


Tengo desde hace algún tiempo la agradable sensación de que crecen los espacios reservados a la difusión cultural en las emisoras de radio. No digo que haya desaparecido la basura de la radio, es evidente que no. Digo que tengo la impresión de que los principales programas cuentan ahora con una sección reservada a hablar de libros, de ciencia, de historia, de cine, de ciudades, museos, lo que ver, filosofía, teatro, tendencias, etc. Y que las principales cadenas tienen sus programas enteros (en horarios infames eso sí, pero el podcast ha venido a salvar a este fenómeno) dedicados a hablar de cuestiones un poco más elevadas que la morralla que llena las parrillas durante la mayor parte del tiempo. 

Julia Otero tiene sus clases magistrales con invitados de auténtico lujo, EsRadio tiene sus "Cowboys de medianoche", Onda Cero su "Cultureta", hay podcasts como "Aquí hay Dragones" o "Todopoderosos".. Incluso hay un cierto renacer en televisión y una recuperación de espacios de calidad como el magnífico programa de Iñaki Gabilondo "Cuando yo no esté" y "Orbita Laika" amén de otros gestos esperanzadores como los de recuperación de música en directo (La hora Musa) o el de Cristina Rosenvinge "Canciones desde la azotea". Parece que vuelven las entrevistas de calidad y a personas interesantes que tienen algo que decir y aportan más allá del griterío o del mero intercambio de simples opiniones (Mi umbral de soporte de opinadores había alcanzado su máximo soportable). Incluso fuera del circuito el éxito de podcasts como el de "Memorias de un tambor" ha demostrado que existe gente con hambre de cultura. Y en la prensa escrita se apunta en esa dirección con iniciativas tan interesantes como la de los rastreadores del "Norte de Castilla".

Y no soy tan ingenuo para  creer que es casualidad y menos que es por una repentina vocación de servicio público con la que todo el mundo ha decidido convertirse en la 2, pero he de decir que me agrada este descubrimiento de un nuevo nicho de mercado para las empresas de comunicación. La fórmula elegida ha sido muy inteligente: Buenos conversadores improvisando. Curiosos comunicadores, lectores ávidos, cinéfilos compulsivos. Freaks. Algunos de los nuestros.

Nacen así sitios para la charla fluida moviéndose por un sutil guion basado en un tema eje sobre el que divagar acerca de la creación, del arte y la cultura. Espacios con contertulios pedantes pero aguantables que no solo van a hablar de su libro o a dar su punto de vista sobre cada cosa del ordinario día a día, sino a hablar un rato entre amigos para hacerme a mi el rato más agradable. Gente a la que admirar por sus conocimientos enciclopédicos pero con la que sentirse identificado al comprender sus guiños y referencias, sabiéndote con ellos especial por pertenecer a una cierta tribu de elegidos.

Bien es cierto que es una cultura un poco como de Trivial, de intercambio de citas y frases, de escenas, bandas sonoras, imágenes en blanco y negro o entradas de Larousse y referentes conocidos (al menos por ellos y sus oyentes), de conocimientos y recuerdos ligeramente elitistas. De "Muy Interesante". Pero creo que en eso precisamente consiste su éxito; en haberse dado cuenta de que ahí había algo: gente que lo esperaba, que quería sentirse especial, como si de lo que en ellos se habla estuviera reservado a unos pocos. Unos pocos que son muchos, más de los que pensaban los mismos productores al dar permiso para iniciar estas aventuras, pero que sin embargo son suficientemente pocos para seguir sintiéndose una minoría selecta de lectores, cinéfilos, aficionados a la historia, al arte, curiosos ante los avances científicos, etc. Un público que siempre ha soñado encontrar a sus iguales para mantener ese mismo tipo de tertulias y que ve con disfrute como otros, mas sabios, las personifican. 

Y ya.