martes, 24 de octubre de 2023

LA BALADA DE LUISIN

 

Por la noche la estación de tren de aquella gran ciudad cerraba. Quién lo iba a suponer. Pues por lo que se ve lo sabía todo el mundo menos yo, provinciano de mi, que imaginaba que una estación no cerraría nunca igual que no lo hacía la ciudad. O que en último caso siempre habría una cafetería de esas en las que solo estáis el camarero y tú y donde se esconde de la policía la crema y nata y se refugia quien no tiene donde dormir cuando hace frio. Pero no, esta estación cerraba de noche. Y estaba, como toda estación de gran ciudad que se precie, lejos del centro. No solo eso, estaba lejos de cualquier cosa. Ni taxis había. Ni un miserable garito cerca. Nada.

El provinciano llegó de noche. Acababa de aterrizar a aquella ciudad y se dirigió a la estación desde el aeropuerto. Esperaba, hasta que saliera su tren a primera hora de la mañana, poder hacer tiempo en la cafetería que había siempre en todos esos sitios y que suponía abierta. O en uno de sus bancos al menos. Pero no. Por la noche la estación de tren de aquella gran ciudad cerraba. 

Todavía se estaba alejando calle abajo en la soledad de la noche el taxi que le había traído cuando se le vino un pensamiento a la cabeza al encontrarse la puerta cerrada y al guardia de seguridad dentro: `menudo hijolagranputa el puto taxista´, que seguro lo sabía y aún así le había recogido en el aeropuerto y llevado hasta la mismísima puerta cerrada de la estación sin comentarle ese pequeño detalle. 

Fatalista miró el cartel de la puerta que indicaba que permanecería cerrada hasta las 4:30 y luego su reloj. La 1 de la mañana. ¿Qué iba a hacer durante tres horas y media en medio de la calle ante una estación de tren enorme y cerrada, y a tomar por el culo del mundo? Le pasó por la cabeza volver a llamar a otro taxi y bajar al centro a hacer tiempo pero los bultos le iban a estar molestando todo el rato así que decidió hacer de tripas corazón y prepararse para ver pasar las horas en plan homeless sentado en la acera hasta que abrieran.

Al rato se dio cuenta de que no era el único. Una familia de sudamericanos, padre madre y dos niñas, estaba en las mismas. Habían tenido el mismo error de cálculo y la misma presunción. Lo suyo era peor. Estaban las niñas. A pesar de la complicidad dada la coincidencia no estaba la noche para confianzas. El recelo reflejado en la cara de la mujer al mirar al provinciano le dijo que ella al menos no se fiaba de ese tipo sentado en el suelo de la entrada de la estación solo en la madrugada de la gran ciudad. No llegaron a cruzar palabra que pudiera desmentir esa sensación. La indefensión de la situación justificaba la precaución y más en un país extraño pensó el provinciano.

Fue entonces cuando se le acercó Luisín. Evidentemente todavía no sabía que se llamaba así, pero no tardaría mucho en hacerlo pues el individuo se presentó educadamente. Era a las claras alguien que vivía en la calle por su forma de vestir y el gran bulto que acarreaba sobre ruedas con sus cosas. Tenía un cierto retraso mental. Rondaría los 35 y hablaba en frases apenas comprensibles por su falta de contexto. No parecía no obstante peligroso sino antes respetuoso. Estaba aseado e intentaba simplemente acercarse a hablar con quien fuera para aminorar su soledad, todo lo cual no reducía la prevención del provinciano.

Estaba claro que su agarradero, su elemento al que aferrarse, era aquello en lo que Luisín se sentía seguro y dominaba. De la "conversación" a retazos se deducía que el que se sentía más extraño en aquella situación era el provinciano y no Luisín. Resultaba sencillo entender que para él aquella noche no era la única que dormía en la calle a la puerta de la estación. Se movía con soltura en aquella realidad confusa para cualquier otro. De sus gestos se colegía cierta confianza y relativa seguridad en sí mismo en aquella situación aunque solo fuera por comparación con nosotros. A diferencia de los demás que estábamos por allí se alejaba lo suficiente de sus bultos para saber que no temía que nadie se los robara. Conocía las reglas, los horarios y las dimensiones de la noche a la puerta de aquella estación cerrada hasta las 4:30. Adoptó el papel de guía para los que no nos sentíamos cómodos en ese sitio y momento intentando que nos sintiéramos menos tensos. Sin embargo nada podía evitar la inquietud de la situación en medio de la soledad de la madrugada en una ciudad extraña. Ni Luisín con sus maneras sueltas. En realidad el mismo hecho de que hubiera quien se manejara en ella con soltura era en sí mismo inquietante. 

Pronto empecé a pensar en Luisín. Lo miraba ir despacio de aquí para allá por la oscuridad solitaria de la fachada de la estación iluminada desde fuera por las luces insuficientes de la ciudad desierta. Iba murmurando para su adentros organizando en su cabeza las cosas que pasan en la noche como quien repasa una lista mentalmente o coloca un armario ficticio. ¿Cómo acababa alguien con su discapacidad pasando sus noches solo en una estación de una gran ciudad desde hacía tanto tiempo como para sentirse cómodo en aquel mundo?¿Quien lo había abandonado así?¿Qué padres descargaban su cansancio por cuidarle hasta el punto de dejarle vivir de ese modo su día a día creyendo que estaría seguro y era lo mejor para él?¿Qué institución había decidido que con la mayoría de edad Luisín ya no podía seguir siendo cosa suya y le había soltado a la ciudad para que durmiera cada noche en la estación desde hacía años?¿De qué tipo de familia desestructurada provenía?¿Qué cosas había visto?

Más tarde un vagabundo que hasta ese momento no se había movido y había pasado desapercibido, emergió de unas cajas y le gritó un par de frases inconexas amenazantes a Luisín desde las brumas del sueño, del alcohol o de la enfermedad mental. Luisín retrocedió sin herramientas ni habilidades con las que hacerle frente, a medias entre atemorizado y acostumbrado a los desplantes de superioridad de quien no tiene con quien vengarse de la vida y usa para ello a los que cree sus inferiores. No hubo más. Y Luisín volvió pronto a adoptar su rol de cicerone de la noche extraña para mi.

Pasaron así las horas lentas, sucias, grises, como el suelo de la acera en la que las había pasado sentado. A las cuatro y media en punto se abrieron las puertas de la estación dejando entrar al curioso grupo que formábamos los vagabundos, la familia y yo. Pronto empezó a llegar la gente que iba a tomar sus trenes hacia sus trabajos o desembarcaba de los vagones extendiéndose por la sala de espera volviendo a dar vida a la sala vacía hasta entonces. Luisín, tras poner a cargar su móvil en el enchufe de una columna con gesto acostumbrado de quien lo hace a diario, se arrogó la función de repartir los bancos libres entre los que habíamos estado esperando. Me resultó curioso su educado criterio para asegurarse de que las niñas estuvieran cómodas y nadie las molestara sentándose él mismo alejado conscientemente del grupo, sabedor de que generaba desconfianza en la madre.

Me despedí con una palabra y un gesto de Luisín cuando se abrió la entrada para mi tren y pasé a otra zona de la sala de espera. Desde allí seguí viéndole a lo lejos manejarse con soltura dirigiendo el especial tráfico de personas que se movían a aquella hora por la estación. Luego llamaron a mi tren y no miré atrás.

Desde ese día pienso a menudo en Luisín, durmiendo cada día sin alejarse demasiado de su maleta enorme a la entrada de la estación de Chamartín de Madrid esperando que abran las puertas cada madrugada a las 4:30 para poder enchufar su móvil y cargar su batería. Tratando de crear una atmósfera de comodidad y confianza en quien no sabía que la estación estaría cerrada y ha de quedarse allí tirado en plena calle hasta que amanece. Sin conseguirlo. Condenado a infundir un miedo que no pretende. 

Era verano ese día. Hoy ya hace frío en la calle.

Y ya.


EL FACTOR PIONERO

 

A menudo establecemos instintivamente comparaciones y hacemos listas en las que priorizamos unos elementos sobre otros (Los que tenéis mi mismo TOC sabéis de qué os hablo pero que no os engañen haciéndoos sentir mal; todo el mundo lo hace en alguna medida). Los criterios para esas ordenaciones suelen estar claros y ser comprensibles para todos. En lo que divergimos es en su aplicación. Así por ejemplo cada uno tenemos nuestras propias listas y órdenes en películas y libros favoritos.

Detecto en estas priorizaciones un defecto frecuente que me parece especialmente grave. Es la aplicación del adanismo que hace absolutos los elementos a comparar entre si para ordenarlos desde el interlocutor como si todo partiera de él mismo o de su momento histórico. Al igualarlos en su calidad inicial aplicando la errónea idea de verlos todos desde nuestro momento temporal eliminamos de la ecuación un aspecto que deberíamos tener mucho más en cuenta. Yo lo llamo el "plus pionero" o "factor de innovación" y aplico la sencilla regla de que todo aquel elemento que lo tenga tiene ya en cualquier comparación una puntuación positiva añadida por esta causa. De este modo si dos elementos, a comparar para ordenarlos con algún criterio relacionado con su calidad, resultaran empatados por sí mismos, el que tuviera este factor tendría mayor puntuación que el otro por el hecho de tener este factor. Tendría un plus. Y así mismo si uno de los elementos de la comparación queda por debajo del otro pero cuenta con este factor eso por si mismo lo permite empatar con el otro. Con este concepto pretendo expresar la idea del valor añadido que le debemos aportar a nuestra valoración de un elemento por el hecho de ser la primera vez que se hizo algo. De esta manera a una película que nos pareciera buena añadiendo este factor le consideraríamos excelente al añadirle el elemento de su novedad.

Comparar "La Diligencia" de John Ford y "Sin Perdón" de Eastwood como pilares del Western poniéndolos al mismo nivel en cuanto a calidad cinematográfica es posible en términos absolutos si simplemente le preguntamos a alguien tras verlas qué le parecen y cuál es mejor o le ha gustado más, pero es un error no tener en cuenta al hacer esa comparación que una bebe de la otra y que "La Diligencia" reinventó un género poniendo  los cimientos del Western moderno. El factor de innovación, el hecho de recordar que cuando se filmó "Sin perdón" ya estaba inventado el Western moderno y sin embargo Ford estaba inventando algo que hasta él no existía, ha de sumar en la comparación y ser un plus; el plus pionero.

Cuando Tolkien creaba la tierra media no había nada antes igual. El esfuerzo imaginativo de innovar creando algo donde no lo había ha de ser tenido en cuenta en toda comparación entre cuyos elementos se incluya al primigenio. 

Noto que no es así y que la originalidad cada vez se valora menos. Parece que toda obra anterior a quien hace el ejercicio de comparar es de alguna manera equivalente a las demás por ser antiguas sin tener en cuenta que una fue la primera. Brahm Stoker se inventó el mito de Drácula y por ello juega en otra liga en cualquier comparación entre novelas de vampiros. 

A veces ese factor se difumina y no está claro, pues a menudo las creaciones artísticas y literarias no son novedosas por si mismas en términos absolutos sino resultado de la destilación de otras en ella finalmente. ¿Cuál es el original en ese caso? ¿Sherlock Holmes o el Dupín de Poe? En el fondo da igual. A lo que me refiero es que cualquiera de ellos cuenta con un plus en la comparación con los demás detectives de la ficción por ser el principio del género. No hay ninguna duda a mi entender en que "Blade-Runner 2049" es una película  de grandísimo nivel cercana a la maestría, pero lo que sitúa a su predecesora sin duda como "Obra Maestra" indiscutible es haberse inventado ese universo, ese género cinematográfico, ese personaje. Es tener el "Plus pionero".

Tú puedes ver ahora "Metrópolis" o "El acorazado Potemkin" y la experiencia puede hacerse árida porque estás acostumbrado al color y al sonido, a un cierto ritmo narrativo, una estructura y forma de contar las cosas, pero seguro que la empiezas a ver de otra manera si te das cuenta de que ese ritmo ya está ahí, que la forma en la que ahora se ruedan y se eligen unos planos en lugar de otros, se corta y se monta, viene de esas películas. Si te paras a pensar que Tarantino hace lo que ellos antes porque en esos aspectos no crea nada nuevo, pero es que Eisenstein y Fritz Lang tuvieron que inventarse aquello de la nada pues nadie lo había hecho antes. Y entonces tu admiración crece y tu valoración de lo que estás viendo aumenta.

En una película el espectador a menudo no tiene en cuenta ese valor añadido que supone a la calidad de la peli el hecho de ser precursora en algo e incluso le parece vieja comparada con los posteriores que desarrollaron ese "algo" luego, sin tener en cuenta que en aquella peli ese "algo" fue revolucionario y se probó por primera vez... Otras pelis también son buenas PERO "ESA PELI" FUE LA PRIMERA y hay que valorar eso. Las pelis de Kubrick por ejemplo tienen ese "algo" que hay que valorar como un plus añadido a la valoración general. A veces es un truco narrativo lo que se usa por primera vez, a veces es una innovación técnica, una forma de usar la cámara.. Son esas cosas las que hacen avanzar el cine. Cosas que hasta que se vieron en "esa peli" no se habían visto y que ahora a nosotros no nos sorprenden, pero que al espectador del momento le debieron parecer muy novedosas. Es el "valor innovador", el "punto por pionero", el "Extra por ser el primero que lo intentó"..

Y ya

Nota: Para mayor abundamiento en esta singular tesis pincha aquí


miércoles, 16 de agosto de 2023

LO QUE LUEGO NOS ESPERABA

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Jaime Gil de Biedma

Entre las dos clases sumábamos 90. A razón de 45 por clase. Era la ratio para aquellos años 80. De Alonso y Ares a Uña. Nos llamábamos por el apellido y nos trataban de usted. Todo chicos en mi colegio. Hasta COU donde llegaban por primera vez las chicas. Pero en 1984, en aquel octavo de EGB, las chicas solo eran algo lejano que estaba al otro lado de la calle. Las jesuitinas de enfrente o las carmelitas de un poco más allá en la plaza.

Teníamos 14 años y nos creíamos inmortales y destinados a comernos el mundo, como todos los chavales a esa edad. Ignorantes e ingenuos luego el mundo nos comería. Como a todos los adultos a esa edad.

Allí estaban Rivas y Seco, y Javi y Marino que llegaron luego, y Pilar que vino en COU, y Oscar, y el otro Oscar, Ignacio, Daniel, Víctor, Medina, Isidoro, Tamayo y Matesanz que decía que era nazi. Hace de todo aquello 40 años. Todos pensábamos que la vida luego nos sonreiría, o directamente no pensábamos en nada. Ya llegaría lo que tuviera que llegar. Que seguro era bueno. Mientras, nos divertíamos, estudiábamos y jugábamos.

Tomás sacaba malas notas en Inglés. Javi era el más prometedor de nosotros. Una máquina de sacar sobresalientes. Una memoria prodigiosa. Iñaki y Seco eran malos estudiantes. Víctor y Rivas fueron las eternas víctimas de los abusones entre los que estuve a veces. Dani y Oscar a la chita callando y de manera discreta iban haciendo un expediente notable en su bachillerato. Pilar en COU nunca dijo que quisiera ser médico, se limitaba a estar divertidamente loca y ser la mejor amiga que haya tenido nunca. Daniel sí lo dijo en alguna ocasión. Marino quería ser militar profesional. Oscar tenía el sentido del humor más inteligente que haya disfrutado jamás. Lo normal con 14 años en una muestra cualquiera de casi 100 chavales de los 80.

Seco murió en un accidente laboral cayendo de un tejado con menos de 40 años, Rivas se tiró al tren, a Pilar un día como hoy en el que escribo esto la mató un hijo de la gran puta sádico del que terminó casi dependiendo, Marino con 18 fue padre, Javi entró en una depresión que le impidió acabar la carrera, Dani logró convertirse en médico pero murió antes de tiempo en un accidente de coche, Tomás se hizo profesor de Inglés, Iñaki tiene un programa de radio en la cadena SER. Muchos llevaron, llevamos, lo que podríamos llamar una vida normal. Unos cuantos tuvieron lo que se entiende como éxito profesional en sus campos. De la mayor parte no volví nunca a saber nada. Hay quien sería feliz, quien sería desgraciado, quien saldría del armario, quien encontraría el amor, quien fue padre, quien se arriesgó y ganó, y quien perdió, quien sería honesto, quien sería malvado, quien pasaría sin pena ni gloria y quien dejaría huella, quien viviría sus días de manera anodina o los viviría de manera extraordinaria. No hay ninguno que no se arrepintiera de algo.

Entre las dos clases sumábamos 90. A razón de 45 por clase. Lo normal en aquella época.

Y ya


jueves, 6 de julio de 2023

ELOGIO, APOLOGIA Y REIVINDICACIÓN DE LA NORMALIDAD

 

En tiempos de Bigdata, IA y blockchain hablar en sociología de minorías y mayorías, de frecuencia, de norma, de moda en los comportamientos colectivos y de aceptación de reglas, respeto mutuo entre corrientes y tendencias, grupos, formas de ser, ideas, etc... es más relevante que nunca.

Es un hecho fehaciente en el que creo con fe ciega y una idea que comparto el de que la diversidad es enriquecedora y hace mejores a las sociedades, a los grupos sociales y a sus componentes. No hay sobre ello duda alguna. Yo al menos no la tengo. La homogeneidad excesiva en pensamientos, opiniones, creencias, actitudes, formas de ver la vida, de ser, etc. empobrece y la existencia de una línea única de visión de la realidad aboca al dogmatismo y al fanatismo. El pensamiento único es al final censor e inquisitorial y cierra el paso a la libertad de pensamiento y expresión, fundamentos de nuestro sistema. El respeto a la diversidad y su promoción (que no la tolerancia, que es un término esencialmente paternalista en mi opinión) es base de la convivencia. A día de hoy nadie duda de que cada persona es diferente y ha dejado de ser un horizonte deseable el de que esas diferencias se borren a favor de etiquetas y clichés uniformadores. Con los debidos límites del respeto al otro y a la ley, los derechos humanos, etc. toda particularidad que caracteriza a cada individuo es maravillosa y digna de ser, merece su existencia y protección, y el respeto debido. 

Sin embargo creo igualmente que sacralizar la diferencia elevándola a términos absolutos que eliminan la idea de norma en favor de la admiración por la excepción y otorgarla un mayor derecho a protección es un error. Esto se eleva por encima de la idea del respeto a la diferencia, y la convierte a su vez en una cuestión dogmática e indiscutible, con lo que se produce la paradoja de no respetar la misma diversidad en que consiste conceptualmente. Y hablo de la idea de norma en su sentido estadístico, no en su acepción legislativa o convencional. Me refiero a la norma como el comportamiento más frecuente, repetido, asumido socialmente y común. El "esperable".

La norma (lo esperable en términos generales) ha constituido un mecanismo social defensivo (y una herramienta de ahorro y eficacia) desde el origen de los tiempos para la humanidad. Pensar que hay que eliminar toda norma para que la norma sea la excepción de la diversidad y que las mayorías dejen de existir diluida en un océano de minorías es un error. 

El respeto lógico debido a las minorías estadísticas es una regla básica de la democracia, pero convertir este respeto en la regla que de manera absoluta condicione la vida de las mayorías atenta contra el sentido común. Es la excepcionalidad, la incidencia, la rareza en expresión estadística, la minoría la que debe adaptarse a la norma, no al revés. Ello no implica falta de respeto y menos anulación, solo se trata de evitar el sinsentido de hacer creer que la excepción es más importante y merecedora de respeto que la regla general y que es la mayoría la que debe adaptar su existencia a las exigencias de la minoría.

La clave es la palabra “esperable”. Lo que sabemos que el otro en sociedad “puede esperar” de nosotros por ser lo "habitual" en el comportamiento social. 
Hay un espacio para lo "esperable" en la actitud del otro, que aunque es flexible marca los límites sociales. La cuestión no es que todos debamos actuar siempre igual sino que todos hemos de saber que la regla (lo esperable) es lo que más respeto merece y la excepción se debe amoldar (que no ser eliminada ni auto anularse) a ello, y no al contrario. Es esta una cuestión de economía de medios y de eficacia en la convivencia democrática. El respeto a las minorías desde el acatamiento a la voluntad y esencia de las mayorías.

Y en ello es independiente que me guste más o menos, prefiriera yo o no que fuera así. En ello es indiferente si me apetece o no cumplir unos mínimos, o si estarían fuera de esos mínimos si por mi fuera. Eso es igual. El asocial y el antidemocrático es quien actúa contraviniendolos a sabiendas de que los demás esperan de él una forma de hacer o esperan que el respeto a su minoría, a su estadística, a su particularidad frente a la regla, haya de sacralizarse hasta el punto de sacrificar a la mayoría por ellos. 

Son en este sentido de gran importancia las palabras “Otro” y “habitual” pues me refiero al decir “Otro” a la inmensa mayoría y al decir “Habitual” a lo que se hace en la mayor parte de los casos y con mayor frecuencia, no me meto en berenjenales de lo “normal” o lo “correcto” que conllevan posicionamientos éticos y juicios morales.

También en este contexto conceptual es relevante el concepto de "minoría" pues me refiero a aquellas que son realmente despreciables desde el punto de vista estadístico y no a los 40-60, 30-70, etc. E incluso saco del planteamiento aunque sea ese el caso a algunas de esas minorías en las que el acuerdo socialmente aceptado es (y no debe ser de otra manera) tratarlas como si no lo fueran (discapacidades, enfermedades raras, colectivos desfavorecidos, etc.)

Es así mismo importante la cuestión de la empatía y el esfuerzo de adaptación. 

Las particularidades de cada uno son muy respetables, a veces dan personalidad a cada cual sus “cosas” y son incluso simpáticas. Pero es el que las tiene el que ha de adaptarse a los demás y no al contrario, que hemos terminado confundiendo el respeto a las minorías y la atención a la diversidad con la idea de que hay que asumir las extravagancias por extrañas y residuales (en su acepción estadística, no como valoración) que sean. Es la minoría la que debe adaptarse a la mayoría, y no al contrario. No hablo de que tengamos que ser homogéneos. Hablo de que si la mayoría debe (lo creo sinceramente) respetar a la minoría con más razón esta debe respetar a aquella. Es una cuestión objetiva, mensurable.. simplemente por cantidad. 

Y ya.

miércoles, 5 de julio de 2023

ATAQUE CULTURETA

 
(Nelson en conflicto con lancha española -Richard Westall -1806-)

Un colega y yo discutimos sobre dos pinturas
Yo sostengo que hay grandes similitudes estructurales entre ambas que no pueden ser casualidad y que tienen una composición tan similar que el autor de la una debía conocer la otra.
Él me dice que veo lo que no hay.

(Los Fusilamientos del 3 de Mayo -Francisco de Goya-1814-)
Yo digo que veo en ambas:

- A la derecha una fila de uniformados extranjeros en perspectiva escalonada alejándose hacia el fondo "acometiendo" ordenadamente a los españoles. Fila de cabezas y cuerpos, pie adelantado.

- A la izquierda del cuadro en una posición ligeramente más elevada que el otro grupo están los españoles en actitudes gestuales más expresivas en las que los brazos y sus posturas cobran protagonismo y en una organización más caótica con filas de más españoles detrás.

- En la parte de abajo, en colores pardos y terrosos mezclados con granates, cadáveres de españoles con los brazos extendidos.

- En la parte de arriba cielo negro y algo que "aclara" ligeramente el horizonte para que haga contraste (en un caso la nube de humo y en otro la loma).

- Y en el centro la figura protagonista vestida de colores amarillos y blancos, luminosos, para atraer la mirada al centro automáticamente. Está flanqueado a su derecha por un compañero que ofrece al espectador la vista de un hombro y parte de la espalda al inclinarse hacia delante.



Ambos pintores (Richard Westall y Goya) son coetáneos y entre ambas pinturas solo hay 8 años. Reflejan la una hechos acaecidos en Cádiz en 1797 y la otra en Madrid en 1808. En la una españoles e ingleses y en la otra españoles y franceses.

Otras obras de ambos autores con similitudes (en este caso en la pose y sobre todo el gesto del brazo)


Esta litografía..


.. es de William Westall, hermanastro de Richard, y acredita que ambos (Goya y él) vivieron en la misma época en Zaragoza, lo que puede reforzar la posibilidad de que Goya y Richard se conocieran y pudiera haber conocido aquel la obra de este (o en su época de formación en Italia tal vez..).

Richard además ilustró una edición en inglés del Quijote lo que acredita de alguna manera su relación con España..


¿Se inspiró Goya en la composición de la obra del británico para la estructura pictórica de su famoso cuadro?

Y ya.

viernes, 9 de junio de 2023

LA ATENCIÓN AL DETALLE

Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire. El que agradece que en la tierra haya música. El que descubre con placer una etimología. Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez. El ceramista que premedita un color y una forma. Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada. Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto. El que acaricia a un animal dormido. El que trata de comprender un mal que le han hecho. El que agradece que en la Tierra haya Stevenson. El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, está salvando el mundo.

Borges

Te pasas la vida admirando al filósofo que trata de desentrañar los grandes conceptos y de lograr encontrar las explicaciones definitivas, al poeta que canta al cosmos íntegro y completo, al soñador que imagina universos enteros, al escritor que consigue hacerte pensar en las ideas universales tratando de abarcar en su obra el todo y pareciendo que sólo escribe con mayúsculas, al astrónomo que mira el cielo estrellado y ve distancias inimaginables para los demás, al teólogo que se afana en entender lo infinito.. 

..Hasta que de pronto un día empiezas a sentir esa misma admiración por el especialista que ha dedicado cuarenta años de su vida a un solo insecto, el jardinero que cuida esa flor concreta y espera volver a verla en su rincón cada primavera, la archivera que de manera callada cada día durante horas pasa a limpio, en fichas que nadie leerá nunca, los datos de antiguos documentos que no interesan, con la profesionalidad de saber que da igual si algún día un investigador las necesitará y las consultará o no. Empiezas a admirar al arqueólogo que restaura una pieza minúscula que estará en la vitrina junto a otras treinta iguales porque una vez fue parte de un plato en el que alguien comió, y para que esté lista el día que se encuentre la que iba unida a ella, al vecino que ayuda al párroco de su pueblo limpiando la iglesia por si hoy sí viniera por fin alguna visita, al estudiante de paleontología que en el medio metro cuadrado de excavación que le han asignado se afana con su cepillo de dientes limpiando lentamente los contornos de una pequeña piedra por si fuera otra cosa..

Hoy admiro a los restauradores de lo minúsculo, a los jardineros de una sola flor, a los bibliotecarios de letra clara sobre fichas acartonadas de hace cien años cuyas palabras leo hoy, a los investigadores de lo inútil para todos menos para ellos que dedican su vida al detalle sin valor ni reconocimiento, a los que lloran las lágrimas que se perderán en la lluvia, a los que escriben sus versos en la arena de la playa y lo volverán a hacer mañana. Gentes para las que el mero paso basta y llena completamente, que no ambicionan dejar huella. Los que de verdad construyen el día a día.

Y ya.

jueves, 8 de junio de 2023

DE PRIMERO DE URBANIDAD

 

"De todas las posibles formas de desconsideración con los demás y de falta de educación la peor es la de quien se cree que su tiempo vale más que el de los demás..... seguida muy de cerca por la de gritar en público y enfadarse de manera agresiva. ¡Y, que lo sepas, tu tiempo no vale más que el mío, es más,.. tu tiempo no vale una mierda comparado con el mío. ¿O qué te pensabas? ¡Pero bueno! ¡Habrase visto! ¿Pero quien se ha creído este tío que es? No, si al final me voy a tener que enfadar, y yo cuando me enfado me conozco.."

Paradoja de Figenn-Krausse o interjección de enfado momentáneo.

De todos es sabido que el tabaco es la puerta de la droga dura y que los porros llevan a la heroína y un día te estás encendiendo un trujas y al día siguiente desdentado atracando farmacias con el vaquilla. Eso es así. Lo decía el hermano Braulio. Punto pelota.

Pues lo mismo pasa con la mala educación, que lleva a la cárcel en no tardando. Es una cosa del medio plazo. Está probado. Se empieza por tirar un papel al suelo y se termina matando en serie.

Así que tenga cuidado señora y eduque bien a su retoño si no quiere tener que ir a llevarle el bocadillo a Alcalá-Meco con 19 añitos. Recuérdele que hay que tener en cuenta a los demás. Que el desconsiderado de hoy es el asesino en serie caníbal psicho-killer del mañana. Que Lecter empezó por no dar las gracias.

Porque creo firmemente que el infierno tiene que tener, a la fuerza, un nivel solo para los impuntuales. Y otro más profundo y lóbrego aún por debajo reservado para los que no se presentan a las citas sin avisar o dan excusas de último momento. Nada, pero nada en el mundo, es peor que ser un maleducado. Y la mala educación es, por definición, no tener empatía. No pensar en cómo afectan tus actos a los que te rodean, o peor; que no te importe.. No tener consideración. Ser un fuck*** psicópata, vamos. Carne de frenopático. Gente peligrosa que debe dormir con camisa de fuerza en una habitación acolchada.

(- Que igual estás exagerando. Que hay cosas peores y tampoco es para tanto. 

- ¿Si?.. ¡pues ven y me lo dices a la cara!, Ah, no.. ups, perdón, se me ha ido.. retomo..)

..Pues será eso, pero es que nada me molesta tanto como que alguien disponga de mi tiempo. Que alguien crea que el suyo es más importante. 

¿Pero tanto cuesta organizarse con tiempo y en caso de necesitarlo avisar con antelación suficiente?¿tratar de cambiar la fecha o la hora a la que has quedado? -Me pregunto-. Pues se ve que no es fácil. 

La sombra de Mordor crece. Columnas de maleducados avanzan como un ejército dispuesto a la batalla manchándolo todo con su descortesía. El mal se extiende y el número de desconsiderados aumenta día a día. Que parece ser que hay un virus en el aire últimamente (Putos Chinos con sus experimentos,.. y esos aviones secretos del gobierno con sus chemtrails dejando perdido el cielo de cosas raras..) que impide hacerse una idea aproximada de lo que se va a tardar en hacer algo y luego se te echa el tiempo encima, y total si lo de este tampoco es tan importante, que al fin y al cabo es un colega y lo perdona todo, y lo va a entender y si no lo entiende que le jodan y que si la abuela fuma... (Y por tanto acabará en la droga como ha quedado demostrado)

Pues no. No lo perdono fácilmente y me guardo el rencor y lo alimento como a un puto Tamagochi hasta que se hace mayor y se afeita y contesta a sus mayores. Y entonces explota.. Y así, tiempo después, como ahora con estas líneas, lo saco porque soy mala persona y me desahogo de esta manera (Porque estarás de acuerdo conmigo en que hay que estar muy enfermo de la cabeza para llevar escritas casi 700 palabras para esta mierda de tema en un arranque de cabreo). Porque mi tiempo es como mínimo tan importante como el suyo. Y tengo mucho odio acumulado y pocas balas para tanto maleducado.

(Aquí pongo una carita riendo para que los idiotas sepan que es un texto irónico, que si no a alguno le salta la almendra y llama al teléfono de atención a ofendidos o al 112)  😀

Y ya. Que a gusto me he quedado.