viernes, 23 de octubre de 2026

EL TOC DEL RIGOR

 

Igual que hay quien ve un cuadro torcido y tiene que corregirlo me pasa con la falta de precisión. Me genera una incomodidad íntima enorme oír argumentos falsos o enunciados de ideas que no se atienen a la verdad, o son incorrectos y dados por ciertos. Sin embargo la cortesía social me obliga a no corregir el cuadro torcido para no resultar en exceso maleducado con quien lo ha colgado. 

Generalmente no se trata de grandes discursos los que suscitan mi particular salpullido sino pequeñas faltas a la precisión insertas en una argumentación mayor y lo que llevo peor es que mi necesidad de puntualizar para quedarme conforme con la simetría de lo dicho por alguien sea tenido por las mentalidades más simples por defensa de ideas cuando no pretenden ser más allá de meras correcciones menores. El hecho de que
 lleve la contraria a alguien cuando dice que Hitler odiaba a los animales no me convierte en defensor del nazismo. A veces veo confundida mi obsesiva necesidad de precisión en el dato y ajuste riguroso a la verdad con defensa de posiciones que no son las mías, pero es tan frecuente en la práctica asistir a ese pobre recorrido intelectual que hace años que decidí no esforzarme ya con determinadas audiencias en tratar de explicar la diferencia entre una cosa y otra.

La conversación es a veces una pared (por desgracia es así en más de un sentido metafórico) en la que alguien cuelga un cuadro inclinado mediante una aseveración falsa. No es que necesite rebatir el argumento completo, ese es otro tema. Es que he de refutar una afirmación a veces inserta como argumento de refuerzo al general o que trata de demostrar aquel. 
Yo sé que es difícil de entender que si alguien reclama una corrección a un dato concreto no está argumentando en contra del discurso en sí, pero pido a mis interlocutores el mínimo nivel para diferenciar ambas cosas. 

Soy un firme creyente en la autonomía de cada idea componente de un argumento completo. Una puede ser cierta y otra falsa, y corregir la falsa no supone oponerse al discurso y menos defender la idea opuesta o la pertenencia al bando que defiende la contraria.

No puedo evitarlo. No puedo dejar de rascarme cuando oigo o leo algo que no es verdad sostenido como cierto. Y más si se usa como fundamento para construir una argumentación dogmática. Me pasa con los datos exagerados sobre la ocupación de casas ajenas, las mentiras sobre el crecimiento de la criminalidad y al inseguridad ciudadana provocado por la inmigración ilegal, con la amenaza de recortes a derechos fundamentales si llega algún día a formar parte de los gobiernos la ultraderecha, y en general con los datos esgrimidos de manera tergiversada para presentarme la realidad de manera que me afecte y me enfade..

No es una cuestión de estar de un lado o de otro. Mi TOC es con la necesidad de verdad, de rigor... Y puede que también tenga que ver con un cierto sentido de justicia, pero sobre todo con mi rechazo visceral a que se me trate de manipular como si fuera idiota.

Y ya.